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Gustavo Petro, precursor de la lucha contra el cambio climático en América Latina



Por José Cuesta Novoa 

Gustavo Petro es un hombre de cultura híbrida, nació el 19 de abril de 1960 en la costa caribe colombiana, en Ciénaga de Oro, un municipio del departamento de Córdoba; sin embargo, de muy pequeño comenzó a vivir en el frío municipio cundinamarqués de Zipaquirá, en donde estudió tanto la primaria como la secundaria. 

Diez años después de su nacimiento, Colombia experimentó un pavoroso fraude electoral en contra del movimiento alternativo Alianza Nacional Popular (ANAPO), liderado por el general Gustavo Rojas Pinilla. El 19 de abril de 1970, el candidato presidencial Gustavo Rojas Pinilla, ganaba las elecciones en forma holgada a su más inmediato contendor, Misael Pastrana Borrero, hasta cuando se fue la luz en todo el país, suspendiéndose el conteo electoral en la Registraduría Nacional del Estado Civil, medida acompañada con la declaratoria del toque de queda y la militarización de todo el territorio nacional. 

Al otro día, como fue costumbre en la década del 70 del siglo pasado en América Latina, el gobierno de turno apoyado en la fuerza de las bayonetas, proclamó el triunfo presidencial del conservador Misael Pastrana. Consumándose de esa forma un descarado fraude electoral. 

Tras el fraude electoral surgirá el insurgente Movimiento 19 de abril (M-19), del cual, años más tarde, el joven Gustavo Petro Urrego va a ser parte. Alguien diría que es un hombre signado por las flores de abril.

Como militante del M-19, fue detenido, torturado y convertido en preso político. Jugó un papel importante en la decisión de buscar una solución política al conflicto armado, finalmente el M-19, pacta un acuerdo de paz con el Estado Colombiano en 1990. El exitoso proceso de paz de M-19, sirvió de plataforma para la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, que culminó en la proclamación de la Constitución del 91. A juicio de Petro, la Constitución del 91 es la base programática del movimiento Colombia Humana y el Pacto Histórico. 

La actividad pública de Petro inició en el municipio de Zipaquirá como Personero; después como concejal. Luego de los acuerdos de paz, se convierte en parlamentario de la AD-M-19; en 2011 es electo popularmente como alcalde mayor de Bogotá, segundo cargo público del país, en donde adelanta una gestión admirable con su plan de desarrollo Bogotá Humana.

En el año 2018 fue candidato a la presidencia de la República por el movimiento ciudadano Colombia Humana, logrando pasar a la segunda vuelta, hecho histórico para un candidato progresista, obteniendo más de 8 millones de votos, convirtiendo Colombia Humana en la segunda fuerza política en el país y en la oposición más férrea al presidente Iván Duque. 

Actualmente es el más opcionado aspirante a la Presidencia de la República, según todas las encuestas realizadas durante los últimos ocho meses.

Proyecto progresista y multicolor

Culminadas las elecciones presidenciales de 2010, en las cuales Petro obtuvo 1.331.267 votos, representando un 9,13% del total de la votación, el excandidato cree indispensable que el Polo Democrático Alternativo (PDA), aborde con todo el rigor del caso la crisis que experimenta la colectividad por cuenta del escándalo de la corrupción provocado por el tristemente célebre “cartel de la contratación”, en el que están involucrados directamente los hermanos Moreno Rojas. Iván Moreno para esa fecha se desempeñaba como senador de la República, mientras que Samuel Moreno había sido elegido alcalde mayor de Bogotá para el período 2008-2011. El alcalde Moreno es suspendido por la procuraduría el 3 de mayo de 2011.

Luego, la justicia colombiana lo condenará a diecinueve años de cárcel por su participación directa en el “cartel de la contratación”, un fenómeno de corrupción político-administrativa de inmensas proporciones.

Ese fenómeno de mayúscula corrupción fue el florero de Llorente para que Petro tomara la decisión de abandonar las huestes del Polo Democrático Alternativo. A su juicio, y como resultado de una investigación que él mismo había adelantado en compañía de un grupo de dirigentes de esa colectividad, existían suficientes pruebas que demostraban la responsabilidad de los hermanos Moreno Rojas en la trama criminal que culminó en el peor acto de corrupción cometido contra el erario del distrito capital. Dada la fortaleza de las conclusiones y lo inobjetable de las prueba halladas en el curso de la investigación, Petro y un grupo importante de líderes exige que la Comisión de Ética del Polo suspenda en forma inmediata a los hermanos Moreno, mientras se adelanta la investigación penal por parte de la justicia ordinaria, como una medida concreta de responsabilidad política, demostrando con ello en forma fehaciente ante la opinión pública la voluntad de condenar cualquier asomo de corrupción en la conducta de sus dirigentes y sus militantes en general. Ante la negativa del Polo de actuar en forma contundente contra los responsables del “cartel de la contratación”, Petro entiende que este proyecto ha sido cooptado por el clientelismo y la corrupción, razón por la cual decide abandonar el partido que él mismo había ayudado a fundar.

Petro inscribe un programa de gobierno con visión futurista, que permite el aterrizaje de la sociedad colombiana y de su aparato institucional a las realidades de nuestro siglo. El programa contempla tres ejes: adaptación del territorio al cambio climático, ordenando el territorio a partir del agua; lucha contra cualquier forma de segregación social, económica y espacial, y defensa de lo público. 

De los tres ejes del programa de gobierno, el de mayor fuerza innovadora es el que apunta la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático. En este ámbito Colombia le reconoce desde distintas orillas al exalcalde de la Bogotá humana ser el pionero de los derechos de la naturaleza, de la tierra, del agua, de las formas de vida de los animales: guardadas las debidas proporciones, si Antonio Nariño fue el precursor de los derechos humanos en el Nuevo Mundo, Petro lo es de los derechos de las múltiples formas de vida objetivadas y cosificadas por el mercado para su explotación, fundamento de una economía fósil o extractivista.

Bogotá Humana 

Según los historiadores, Bogotá contaba en los años 50 del siglo pasado con aproximadamente 500 mil habitantes, la capital de Colombia en la mitad del siglo XX era una ciudad pequeña, cuyo crecimiento vertiginoso desde el punto de vista urbanístico se debe curiosamente a la barbarie de la guerra, provocada por el enfrentamiento entre bandos que disputaban el control político y territorial en los departamentos del interior del país. Los estudiosos del llamado período de la violencia liberal conservadora advierten que el saldo trágico de esa contienda bélica ascendió a 300 mil muertos, más un masivo fenómeno de desplazamiento forzado de familias campesinas de los departamentos en los cuales se libraron estas refriegas militares: Boyacá, Meta, Cundinamarca, Huila y Tolima. Dado que la violencia liberal-conservadora fue un enfrentamiento que se dio básicamente en el centro del país, las víctimas del desplazamiento forzado de esta época terminan asentándose en la ciudad de Bogotá. 

El cambio climático representa el agotamiento de una época; de un paradigma de producción industrial y de distribución basado en el mercado; de una cultura del consumo; de un modelo de energías fósiles, y de la filosofía del antropocentrismo. Repensar el mundo implica trascender la categoría del desarrollo, porque esa idea mató la naturaleza, los mares, los ríos, los páramos y las montañas; la tierra, en general, fue ofrendada para saciar la lógica codiciosa de los mercados. Ello ha sucedido a nombre del desarrollo, del crecimiento económico y del progreso, visión mítica que heredamos de la modernidad, prevista como un ascenso infinito hacia mejor, a tal punto que, si se pudiera establecer un hipotético corte en ese ascendente proceso de bienestar de la humanidad, se podría constatar que esa última generación podría vivir en el penthouse civilizacional, el esplendor absoluto y el confort ilimitado que prodiga el bendito progreso, tal como lo había pensado el filósofo alemán Immanuel Kant. Sin embargo, la realidad de finales del siglo XX y las dos primeras décadas del siglo XXI desmienten las ilusiones kantianas. El edificio civilizatorio del progreso y del desarrollo no tiene agua, no tiene luz, el aire está envenado, el planeta sufre de alopecia y la tierra muere de sed.

 

José Cuesta Novoa (Colombia) es filósofo de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Javeriana, líder social y político desde los ámbitos universitarios y su militancia juvenil en la guerrilla urbana del M -19 hasta nuestros días en la "Colombia Humana". Defensor de la paz, la democracia y la Constitución de 1991, del ambiente, la salud pública y la defensa del Hospital San Juan de Dios. Defensor de los derechos de las nuevas ciudadanías. Profesor universitario y escritor. 

Twitter: @jcuestanovoa
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