Logo
Slide background

Pese a las dificultades, la paz avanza



Por Julián Gallo Cubillos

En el quinto aniversario de la firma del Acuerdo de Paz en Colombia hacemos un balance agridulce de lo ocurrido desde entonces.

Supimos siempre que lo pactado no era un punto de llegada, sino un punto de partida que abría la posibilidad inédita de construir una nueva institucionalidad que permitiría, en el mediano plazo, generar unas condiciones mínimas para transitar hacia una sociedad más democrática y un Estado Nación moderno; sabíamos que la implementación de lo pactado implicaría una enorme disputa con esas fuerzas de la vieja política tradicional, autoritarias, antiderechos y beneficiarias de la guerra que otros pelean por ellos. Sin embargo, debemos reconocerlo, no dimensionamos la magnitud de las dificultades que enfrentaríamos y las adversidades que se presentaron a la postre. 

Sin duda, lo más duro y doloroso ha sido el asesinato de 290 firmantes, la gran mayoría jóvenes de extracción popular y campesina, que decidieron apostarle a la paz, confiaron en lo pactado y terminaron siendo asesinados en condiciones de indefensión: el responsable único de este exterminio en curso, por acción u omisión, es el Estado colombiano. Además de las responsabilidades institucionales, ha sido gravísima la postura adoptada por el partido de gobierno que se empeña en estigmatizar, calumniar y promover verdaderas campañas de odio en contra de los firmantes, lo que ha redundado en una legitimación de la persecución de la que somos objeto, con el silencio cómplice del presidente de la República. 

Asimismo, hay graves incumplimientos del Estado, tanto en lo pactado para la reincorporación socioeconómica de los firmantes, como en las necesarias reformas encaminadas a democratizar el acceso a la tierra, el sistema político, las garantías para ejercer la oposición, el nuevo enfoque de la política antidrogas y la comparecencia y rendición de cuentas de todos los actores que participamos en la guerra, para aportar verdad, pedir perdón, reparar a las víctimas y asumir las responsabilidades diferenciadas de cada quién y de esta manera transitar hacia la reconciliación y la no repetición.   
Mención especial merece nuestra comparecencia a los mecanismos pactados en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y garantías de No Repetición, en donde hemos asumido, sin ambigüedades, la inmensa gravedad del sufrimiento que le causamos a las víctimas, muchas veces, en contravía de nuestra esencia revolucionaria y humanista.   

Ahora bien, pese a las enormes dificultades en su implementación, la perfidia estatal, la evidente distorsión de su espíritu y el incumplimiento a gran parte de lo pactado, el Acuerdo de Paz ha supuesto un punto de quiebre en la dinámica política del país: por primera vez en nuestra historia reciente, es real y posible la llegada al Gobierno Nacional y la consolidación de mayorías en el Congreso de la República, de una apuesta alternativa a los poderes de la vieja política tradicional. Sin el Acuerdo de Paz, eso sería imposible. Las formidables movilizaciones que hemos presenciado y en las que hemos participado en los años y meses recientes, son consecuencia directa del Acuerdo.     

Con la superación del conflicto armado entre las extintas FARC EP y el Estado colombiano, que impedía dimensionar la necesidad y urgencia de transformar la sociedad estructuralmente injusta en la que vivimos, el pueblo en las calles ha asumido su rol de sujeto transformador. Ahora, el reto de todos y todas quienes aspiramos a una nueva Colombia, es encausar esa movilización popular, cada vez más cualificada, hacia la conquista de un

Gobierno de convergencia que asuma la histórica tarea de la democratización de la sociedad y de un nuevo modelo económico basado en la justicia social y la protección ambiental.

Lograr la paz, y por ende la implementación del Acuerdo, como eje fundamental para superar la lógica de la confrontación armada, es la nueva batalla de estos tiempos. La lucha por la paz es la revolucionaria.

Julián Gallo Cubillos (Colombia) es senador de la República y jefe de la bancada del partido político Comunes surgido de la firma de los Acuerdos de Paz. Integrante del Consejo Político Nacional de los Comunes. Firmante del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la construcción de una Paz Estable y Duradera entre el Estado colombiano y las FARC-EP desde la jefatura de la subcomisión técnica para el fin del conflicto. Confluye en la Bancada Alternativa de oposición “Convergencia por la paz, la vida y la democracia”, integra la Comisión Primera Constitucional y es copresidente de la Comisión de Paz del Senado.  
Twitter: @JGalloComunes
Instagram: @JGalloComunes