Un gobierno en construcción: repaso del primer año de gestión Orsi

Por Valeria Bonomi y Federico Musto

El mandatario uruguayo Yamandú Orsi cumplió su primer año de mandato en la Presidencia de la República entre la promesa de “la revolución de las cosas simples” y las limitaciones tanto propias como de las condiciones heredadas.

El gobierno de Orsi frente al espejo

El presente artículo analiza el primer año de gobierno de Yamandú Orsi en el marco del retorno del Frente Amplio (FA) al poder luego de cinco años en la oposición. Tras el triunfo en balotaje en 2024, la fuerza política de izquierda logró consolidar su predominio electoral desde el retorno a la democracia en 1985, pero con una novedad en este periodo: no consiguió controlar la mayoría en ambas cámaras, solamente lo hizo en el Senado.

A lo largo del 2025 diversas críticas han atravesado la gestión, definición política y estrategia de comunicación del gobierno, lo que ha configurado un clima de debate constante dentro y fuera de la fuerza de izquierda.

La impronta del inicio del cuarto período de gobierno del FA encuentra su origen en los liderazgos emergentes, los ejes programáticos definidos durante la campaña y las condiciones políticas heredadas, así como en las restricciones institucionales derivadas de la nueva correlación de fuerzas parlamentarias. Entre críticas persistentes, desafíos de gestión y un escenario global complejo el 1 de marzo el gobierno de Yamandú Orsi arribó a su primer año.

Del eslogan al gobierno: La revolución de las cosas simples

El estilo de conducción de Orsi se presenta como la contraparte de la propuesta de gobierno que fue sintetizada como “la revolución de las cosas simples”. Por un lado, el presidente se destaca por su cercanía, su impronta informal, campechana y, por momentos, con cierta debilidad en su manera de comunicar. Esta característica marcó la agenda política vernácula. Además, en concordancia con su gestión en la Intendencia de Canelones (2010-2015; 2015-2020), buscó traducir su liderazgo en la conformación de un gobierno de equipos. Ese liderazgo atomizado, que fortalece diferentes lugares de poder, como ministerios o secretarías, tiene sus luces y sombras. Su gabinete tiene un perfil a la vez técnico y político. Respetó acuerdos sectoriales –conforme el resultado electoral–, tuvo influencia su gestión departamental, pero no logró consagrar la paridad de género que fue un compromiso de campaña.

Por otro lado, aquel eslogan se justifica aduciendo que las prioridades del gobierno son pensadas desde lo cotidiano, es decir, realizar pequeñas transformaciones prácticas que impacten en la vida de las personas. En el plano discursivo se establece que “gobernar no consiste o no se trata solo de hacer grandes anuncios que entusiasman. Es ordenar, es facilitar, es resolver. Es lograr que las cosas funcionen mejor todos los días y para todas las personas” (Presidencia de la República Oriental del Uruguay, 2025). Restan cuatro años para saber si esta “revolución” es una renuncia –tácita– a reformas estructurales y, por ende, constituye un límite a la ambición por transformar de manera profunda el país o bien una forma –no tan– novedosa de proponer cambios marginales. Esta postura podría también alimentar la apatía política, el descrédito en su capacidad transformadora y la pérdida del entusiasmo rebelde inherente al sentir frenteamplista. El FA supo gobernar con metas desafiantes a la vez que mejoraba las cosas cotidianas de los uruguayos. Esta situación ha generado una distancia entre parte de la militancia y votantes frenteamplistas con la dirigencia donde se llegó a generar encuentros de autoconvocados por el descontento hacia la gestión.

El relato heredado, la realidad y los méritos de gestión

De todas formas, hubo una distancia entre el país que dejó el quinquenio de la Coalición Multicolor y el relato elaborado. El FA no recibió un país en ruinas, de hecho, hubo mejoras, particularmente sobre los últimos años del gobierno de la coalición en referencia al crecimiento económico, del empleo, del salario real y con una inflación baja. Sin embargo, el déficit fiscal, por ejemplo, que heredó el gobierno de Orsi –a contramano del histórico discurso nacionalista sobre las cuentas nacionales– ha tenido un impacto en sus posibilidades de acción.

El actual gobierno ha tenido éxitos legislativos y de gestión. En el primer año aprobó el Presupuesto para el próximo quinquenio con un grado de adhesión más alto de lo acostumbrado. Fue exitosa la negociación parlamentaria si se tiene en cuenta el desafío de no contar con la mayoría en Diputados. En el plano económico se mantuvo la inflación en guarismos bajos y dentro de las expectativas previstas, hubo un leve aumento del salario real, del crecimiento económico y de creación de empleo. Sin embargo, sigue siendo un desafío mantener y mejorar esos guarismos, especialmente el de distribución que es la bandera fundamental de la fuerza política que gobierna.

También se pueden establecer logros en torno a la reposición de medicamentos de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), la aprobación de la ley de muerte digna o de eutanasia –que había sido promovida en la Legislatura anterior desde el Partido Colorado, pero retomada en 2025–. Además, se le puso fin al proyecto Aratirí para reflotar la represa en Casupá. En el marco de revisar contratos y negocios de la anterior gestión de gobierno se suspendió el vínculo con Cardama sobre la construcción de dos buques de patrullaje oceánicos. Esto generó diversas reacciones, especialmente por parte de las jerarquías del gobierno pasado y de la propia empresa española: su solución estará en la agenda en los próximos meses.

Asimismo, el gobierno logró presentar modificaciones legales para proteger a las infancias, entre otras la generación de un bono escolar a partir de julio de 2025 que ha sido cobrado por 117.000 niños. A su vez, se generaron cambios en el combate al lavado de activos. De hecho, se presentaron datos sobre los 63 compromisos de gobierno y su grado de avance, donde según Presidencia, el 82,5% están en ejecución (Presidencia de la República Oriental del Uruguay, 2026a; 2026b).

Errores forzados y no forzados: el “lado b” del gobierno

Más allá de los lineamientos programáticos y los éxitos de este primer año, la gestión también quedó atravesada por episodios polémicos que tensionaron su inicio y expusieron ciertas fragilidades en el armado de equipos al igual que en las declaraciones públicas de figuras de la primera línea del gobierno. Más que por la magnitud o gravedad de los hechos, resultaron significativas en cuanto a la articulación política y comunicacional del oficialismo.

El Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MVOT) fue el primero de esta gestión en sufrir un cimbronazo apenas un mes después de comenzado el quinquenio. Tras una denuncia periodística y el reconocimiento de la (ahora ex) ministra Cecilia Cairo por no haber regularizado su vivienda ni estar al día con sus obligaciones tributarias se desencadenó una crisis política de corta duración que culminó con su renuncia. La dimisión fue aceptada por el presidente y, desde el oficialismo, se intentó pasar página rápidamente, aunque algunos actores cercanos a Cairo denunciaron que había sido víctima de hostigamiento por parte de la oposición. Al mismo tiempo, la decisión adoptada por Orsi fue evaluada como acertada por diversos sectores.

Hubo, por su parte, otros cuestionamientos sobre figuras del gobierno, como el caso del director del Instituto Nacional de Colonización (INC), Eduardo Viera, quien finalmente renunció a su cargo; el de Álvaro Danza frente al directorio de ASSE respaldado finalmente por el gobierno.

Un nuevo episodio controvertido sucedió en mayo de 2025 cuando el gobierno anunció la compra de más de 4 mil hectáreas en el departamento de Florida para el INC. El anuncio, un tanto particular por sus formas –fue realizado por Alejandro Sánchez, el secretario de Presidencia, en el cortejo fúnebre del expresidente José Mujica–, puso en la agenda pública un doble debate: el destino de los fondos públicos y los gastos del gobierno, por una parte, y la tenencia de la tierra, por la otra. Si bien es parte del programa de gobierno fortalecer dicho instituto a través de la incorporación de tierras la forma en la que se dio a conocer la compra resulta, mínimamente, llamativa.

Es posible enumerar otros casos o situaciones, dado que durante este año varios asuntos críticos marcaron la gestión; puede señalarse que muchos de ellos convergen en dificultades en el plano comunicacional por parte del gobierno. Y esta situación, a su vez, en ciertos momentos parece al menos dar cuenta de cierta falta de coordinación entre las principales figuras, al punto de poder ser considerada una debilidad de la actual administración –varios analistas han puesto el foco en este aspecto crítico–. Asimismo, el presidente Orsi ha defendido su estilo comunicacional, no sin despertar cierto nivel de polémica, incluso dentro de su fuerza política.

La acumulación de episodios controvertidos no parece responder únicamente a hechos aislados, sino más bien a una sucesión de errores evitables y situaciones que pudieron haber sido anticipadas con mayor previsión política. Se constata que hubo algunas debilidades en los mecanismos de evaluación y control al momento de conformar el equipo de gobierno, abriendo cuestionamientos que podrían haberse desactivado en etapas previas mediante una revisión más rigurosa de antecedentes y eventuales vulnerabilidades. A ello se suman declaraciones públicas que, en determinados momentos, han transmitido una impronta más reactiva que estratégica, generando la percepción de cierta improvisación ante estas acciones. En conjunto, más que hechos de gravedad estructural, lo que se consolida es una narrativa de falta de coordinación, que erosiona capital político y refuerza la idea de que algunos costos pudieron haberse evitado con mayor planificación, cohesión interna y disciplina comunicacional.
El estilo de gestión, sus ambiciones y errores ha tenido su impacto en la imagen del presidente y su gobierno. De acuerdo con diferentes sondeos de opinión pública (Factum, 2025; Equipos Consultores, 2025; Cifra, 2025) la imagen de Orsi, a lo largo del año, muestra una tendencia a la moderación y cierta erosión en los niveles de aprobación. Mientras que en los primeros meses la evaluación positiva se ubicaba en el entorno del 45%, con niveles de desaprobación relativamente contenidos, hacia el último trimestre se observa una disminución de la aprobación y un crecimiento de las valoraciones negativas, acortando la brecha entre ambas. Al mismo tiempo, persiste un contingente significativo de opiniones neutras, lo que sugiere que una parte relevante de la ciudadanía mantiene una actitud expectante. En conjunto, los datos permiten señalar que, si bien la gestión conserva un saldo que en algunos casos resulta aún favorable o equilibrado, la evolución de los indicadores revela una consolidación más frágil de su respaldo público. Además, su grado de aprobación durante el primer año supera solamente a los guarismos obtenidos por Lacalle Herrera, el segundo mandato de Sanguinetti y a Jorge Batlle con una situación del país muy distinta a la actual (Equipos Consultores, 2025).

Desafíos, oportunidades e interrogantes

El devenir del gobierno está definido por desafíos que se mantienen desde 2025 como el vínculo con la oposición, especialmente por no tener mayoría en la Cámara de Diputados. Es el sello de los cinco años de gobierno. El relacionamiento con el exterior también es un aspecto a atender como, por ejemplo, la impronta expansionista y de injerencia en la política doméstica de los países por parte de Estados Unidos y las represalias por los vínculos con China. Además, la región está girando ideológicamente, no alineada a la izquierda socialdemócrata, por lo que la elección presidencial en Brasil en octubre de este año será clave, no solo por la región, sino también por el Mercosur y, por ende, para el gobierno nacional. En ese sentido, tanto la aprobación del acuerdo Mercosur – Unión Europea como la visita a China por parte del gobierno, empresarios y miembros de la sociedad civil va a caracterizar el vínculo con el exterior y con las potencias internacionales.

Sin dudas el crecimiento económico, la generación de empleo y, fundamentalmente, la mejora en la distribución de la riqueza serán objetivos que necesariamente estarán en consideración. En el discurso ante la Asamblea General en marzo 2026, Orsi manifestó que “en un mundo inestable, la estabilidad es un activo estratégico y la justicia social es una obligación moral” (El País, 2026). Además, la gran bandera en campaña de la reducción de la pobreza infantil seguirá siendo uno de los pilares del gobierno, pero se deben consolidar las propuestas generadas y las acciones deberían empezar a mostrar resultados. En estos temas el reto es aún mayor dado que se trata de intervenir sobre desigualdades que se reproducen intergeneracionalmente y que no se resuelven con medidas aisladas ni con anuncios puntuales. Allí, la “revolución” no puede ser apenas administrativa; requiere coordinación, recursos sostenidos y capacidad de implementación. En materia de seguridad, el desafío no es ofrecer respuestas rápidas, sino articular prevención, inteligencia, política social y reforma institucional en un contexto de avance de la violencia estructural en muchos casos asociada al avance del narcotráfico en el país.

Es menester, por su lado, profundizar en la agenda de género y ambiental. Esto último en particular por los anuncios de prospecciones petrolíferas y la situación de la calidad del agua que ha sido un gran debe de los anteriores gobiernos tanto del Frente Amplio como de la Coalición Multicolor. Un tema fundamental que ha quedado en el ostracismo son las discusiones sobre la matriz productiva y el esquema de desarrollo nacional además de su sostenibilidad ambiental. Grandes discusiones que no están en el centro de la discusión. Particularmente en contextos de crecientes narrativas nacionalistas y de proteccionismos con un afán de debilitar y derrocar las condiciones de la globalización que favorecían a economías como la nuestra. La revisión de la reforma de la seguridad social, sumado al impuesto a las grandes fortunas –el coloquial 1%– son temas que permanecen en la agenda y generan posiciones encontradas a la interna frenteamplista.

El eslogan de campaña antes referenciado –“la revolución de las cosas simples”– puede haber funcionado como una promesa de sentido común, de cercanía y de gestión sin estridencias. Sin embargo, el desafío de gobernar implica asumir que muchos de los nudos centrales del país no admiten atajos narrativos. Existe una tensión evidente entre lo simple como horizonte de claridad o bien como riesgo de banalización. Sin lugar a dudas, algunos de los compromisos asumidos, así como los desafíos ya mencionados para los cuatro años que siguen, distan de lo simple, no resulta igual simplificar para hacer comprensible que simplificar para eludir la complejidad. El principal desafío para la actual gestión, entonces, no es sostener la épica de lo simple, sino demostrar que puede traducir esa consigna en políticas que no caigan en la superficialidad y generen un impacto en tanto mejora sustantiva en la vida de las personas. Gobernar lo cotidiano no significa trivializar lo estructural.

Luego de un año de gobierno también se habilitan interrogantes cuyas respuestas las tendremos con el devenir. Si se tiene en cuenta el estilo y las metas del gobierno, ¿estamos ante un nuevo ciclo frenteamplista? ¿Cuál es el vínculo de este Frente Amplio con el del período 2005-2020? Además, en el contexto actual, ya no de avance sino de consolidación de discurso de ultraderecha y polarización que también están presentes en Uruguay, ¿la moderación es suficiente para gobernar, gestionar, convencer y proyectarse de cara al 2029? Gobernar sin épica en contexto de batalla cultural por derecha y polarización ¿es la mejor estrategia?

Bibliografía

Cifra Consultores. (2025). Evaluación de la gestión del presidente. https://www.cifra.com.uy/la-evaluacion-de-la-gestion-del-presidente-10/

El País. (2026, 3 de marzo). Yamandú Orsi: “En un mundo inestable, la estabilidad es un activo estratégico y la justicia social es una obligación moral”. https://www.elpais.com.uy/informacion/politicayamandu-orsi-en-un-mundo-inestable-la-estabilidad-de-es-un-activo-estrategico-y-la-justicia-social-es-una-obligacion-moral

Equipos Consultores. (2025). Evaluación del presidente Orsi: 36% aprueba, 36% desaprueba.https://equipos.com.uy/noticias/Evaluacion-del-presidente-Orsi-36-aprueba,-36-desaprueba/458

Factum. (2025). Análisis: La aprobación del presidente Yamandú Orsi – Octubre 2025. Portal Factum.https://portal.factum.uy/analisis/2025/ana251022.php

Presidencia de la República Oriental del Uruguay. (2025, 9 de diciembre). Orsi: “Nuestras prioridades están pensadas desde lo cotidiano, desde la revolución de las cosas simples”.https://www.gub.uy/presidencia/comunicacion/noticias/orsi-nuestras-prioridades-estan-pensadas-desde-cotidiano-desde-revolucion

Presidencia de la República Oriental del Uruguay. (2026a, 3 de marzo). Orsi: “Gobernar es, todos los días, hacer crecer y cuidar lo que somos sin que nadie quede atrás”.https://www.gub.uy/presidencia/comunicacion/noticias/orsi-gobernar-es-todos-dias-hacer-crecer-cuidar-somos-sin-nadie-quede-atras

Presidencia de la República Oriental del Uruguay. (2026b). Informe de cumplimiento de los compromisos de gobierno.https://medios.presidencia.gub.uy/tav_portal/2026/noticias/AO_926/informe.pdf

Valeria Bonomi (Uruguay) es politóloga, diplomada en Comunicación Política por la Universidad Claeh. Analista de social listening con foco en campañas electorales. X: @bonomi_vale

Federico Musto (Uruguay) es politólogo, docente e investigador de la Universidad de la República. X: @_crococroco

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