El espejo del dictador: cuando las palabras desnudan el relato

Por Marcel Lhermitte

Ya hace más de dos décadas que no soy parte de la redacción de un periódico, aunque hasta el día de hoy me sigo sintiendo periodista. Quizás haya algunas profesiones que, más allá del ejercicio diario, quedan tatuadas en el alma y no se pueden eliminar ni siquiera con el paso de los años. Los médicos, más allá de que se pensionen, siempre serán galenos, no existen los exmilitares sino los militares retirados, e incluso los futbolistas, cuando abandonan las canchas, serán futbolistas hasta el día que se mueran.

Mientras ejercí el periodismo había una práctica habitual de parte de algunos integrantes del sistema político: la llamada al jefe de sección o a los mismos dueños del medio de comunicación para presionar por la información publicada cuando entendían que era lesiva para sus intereses. Tengo certeza de que en muchos de los países de América Latina y el Caribe esta práctica está vigente, pero ya no me toca vivirla en carne propia.

“El que nomina domina” es una máxima del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que viene a razón de la saturación a la que están expuestos los ciudadanos de todos lados de los relatos creados estratégicamente por cada emisor del sistema político y social.

Quizás uno de los relatos más profesionales y mejor constituidos de los que hemos sido testigos en los últimos años es el del salvadoreño Nayib Bukele. Un país víctima de la violencia y la corrupción, gobernado durante décadas por “los mismos de siempre”, que es salvado por un héroe mesiánico que pone fin a los problemas y hace renacer la nación de los sueños de todo habitante del país centroamericano.

Más allá de alguna incongruencia (Bukele tuvo cargos de gestión, fue parte del FMLN y en su relato los considera “los mismos de siempre”, al igual que a otros partidos) y de las reiteradas violaciones a los derechos humanos y la libertad de expresión que se esconden tras bambalinas, la construcción narrativa es toda una obra de arte, digna de estudio en las clases de comunicación política.   

Bukele y su equipo de comunicación saben de esto, y mucho. Por eso seguramente, como sucedía antaño con las llamadas a las viejas redacciones periodísticas, utilizó sus recursos para fustigar públicamente a través de las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales al Latinobarómetro, un prestigioso estudio de opinión pública cuyos insumos utilizamos para conocer información muy valiosa para la región: el desarrollo de la democracia, la satisfacción y credibilidad de nuestras instituciones, los regímenes políticos, la corrupción, etc.

El Salvador no recibió malos resultados en muchos de los indicadores estudiados, por el contrario, muchas de las políticas de la actual administración se perciben como muy positivas y dentro de las mejores del continente, pero el jefe de Estado denunció que fue “atacado” y que la “línea editorial” del Latinobarómetro siempre ha sido “hostil” con ellos.

El informe anual de la investigadora afirma que hay cuatro países en la región que son dictaduras: la Cuba de Díaz Canel, Nicaragua con Daniel Ortega, Venezuela con Maduro (y continuidad de Delcy Rodríguez) y El Salvador con Bukele.

Pero, ¿qué es una dictadura? El Latinobarómetro utiliza un enfoque metodológico dual en donde mide la degradación de las instituciones políticas y la percepción de la ciudadanía. Desde la sociología y la ciencia política, Juan José Linz, en su libro Sistemas dictatoriales y autoritarios la define así: “Los regímenes autoritarios son sistemas políticos con un pluralismo político limitado, no responsable; sin una ideología elaborada y directora, pero con mentalidades distintas; sin una movilización política extensa ni intensa, excepto en algunos momentos de su desarrollo, y en los que un líder (o tal vez un pequeño grupo) ejerce el poder dentro de límites que formalmente están mal definidos, pero que en realidad son bastante predecibles”.

Siguiendo la teoría de Linz es innegable que no existe pluralismo democrático y que la actual administración ha sido responsable de ahogar financieramente y acosar a su oposición; existe una incuestionable concentración de poderes que se encuentran subyugados por la Presidencia, además de haber modificado los límites formales del poder para permitir una reelección inconstitucional, convirtiéndose de esta forma en una “electodictadura”.

Bukele es un dictador y como tal se ha comportado al comunicarse con el Latinobarómetro para ejercer su poder fuera de fronteras para que su construcción narrativa no sea dañada, y en forma sagaz, la institución investigadora denunció esta acción en sus redes sociales: “Hoy en la mañana nos ha escrito el presidente de El Salvador, señalando que el informe de los datos lo trata mal porque dice que es un dictador. Solo queremos agregar que es una buena cosa que sienta que el calificativo de ‘dictador’ es una mala cosa. Está en su poder, dejar de serlo”.

En tiempos en donde el nacionalpopulismo está arreciando América Latina y el Caribe, en horas donde la Doctrina Donroe[1] se impone a partir de la fuerza y el uso de campañas de desinformación, en los que nostálgicos adoradores de los regímenes de facto de antaño acceden al poder y reivindican sus políticas, hay que destacar la respuesta del Latinobarómetro al dictador Bukele, e ir a más, generar acciones que fortalezcan la participación ciudadana, la libertad de expresión y la salvaguarda de los derechos que se ven amenazados y que nuestros antepasados conquistaron con su propia sangre para que pudiéramos vivir en democracia, en libertad y ejercer nuestros derechos fundamentales.

Marcel Lhermitte (Uruguay). Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales. Ha sido consultor en campañas electorales en América Latina, el Caribe y Europa. Asesor de legisladores y gobiernos locales en Iberoamérica. Director del colectivo latinoamericano de comunicación política Relato. Coordinador del Diploma de Comunicación Política de la Universidad Claeh. Autor de los libros La Reestructura. La comunicación de gobierno en la primera presidencia de Tabaré Vázquez; La campaña del plebiscito de 1980. La victoria contra el miedo y Los ecos del No. Las elecciones internas de 1982. X: @MLhermitte / Instagram: @marcel_lhermitte


[1] La Doctrina Donroe es una reinterpretación de la Doctrina Monroe (1823) impulsada por Donald Trump, que reivindica la primacía estadounidense en el hemisferio occidental frente a potencias externas y justifica una política de intromisión en América Latina y el Caribe.

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