Formación, diálogo e integración

Son muchas las novedades de nuestro colectivo que traemos para este segundo trimestre del año, fundamentalmente vinculadas con la formación en comunicación política en nuestra América Latina y el Caribe.

En primera instancia, cuando ustedes estén leyendo este texto editorial, estaremos comenzando la quinta cohorte de nuestro Diploma en Comunicación Política que dictamos en la Universidad CLAEH de Uruguay y que cuenta también con la titulación de Relato.

En el mes de mayo, además, tenemos previsto dar comienzo a un nuevo curso de Comunicación Política en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador. También estamos preparando un nuevo curso de Comunicación Sindical, así como ampliar nuestra línea de investigación en esta materia, pero de esto les daremos mayores detalles en nuestra próxima edición.

En estos tiempos de polarización acelerada y narrativas que se imponen desde fuera, la formación en comunicación política no es un lujo académico: es una herramienta de soberanía. Cada cohorte de nuestro Diploma, cada curso que abrimos en la región, busca formar comunicadores capaces de contar sus propias historias, de defender sus procesos democráticos con argumentos sólidos, creatividad y respeto por la pluralidad. Porque una comunicación política ética construye ciudadanía y fortalece la democracia.

Quienes nos siguen tienen claro que una de las premisas del colectivo Relato es la formación en comunicación política en América Latina y el Caribe. Nos interesa la profesionalización de la comunicación política, nos desvela la ética y las buenas prácticas profesionales porque, entre otras cosas, sabemos que ello contribuye a obtener mejoras en la calidad democrática de nuestros países.

En ese sentido, queremos destacar el conversatorio que realizamos el pasado 10 de febrero: “El efecto Trump: ¿influencia o amenaza sobre las elecciones latinoamericanas?”, organizado por la Universidad CLAEH y Relato, y en donde, ante un gran marco de asistentes, expusieron nuestras compañeras Elda Arroyo (México) y Daniela Castillo (Colombia), junto a dos egresados de nuestro Diploma de Comunicación Política: Mariano Mendoza (El Salvador) y César Porras (Costa Rica).

Este tipo de conversatorios nos llenan de orgullo, no solo por ver hacer sus primeras armas a nuestros egresados, sino también por el rico intercambio entre ciudadanos de nuestro continente, porque el conocimiento circula mejor cuando es horizontal, cuando se nutre de voces diversas y no se impone desde un solo centro de poder.

Del evento extraemos algo que también se ve reflejado en nuestra revista: la clara injerencia del gobierno de Estados Unidos, presidido por Donald Trump, en los procesos eleccionarios de nuestra América Latina, comenzando en su momento en Honduras, Argentina y Costa Rica en 2025, y actualmente constituyendo una amenaza para Colombia, Perú y Brasil en el presente año.

Muchos de quienes habitamos en este continente hemos vivido bajo regímenes dictatoriales; conocemos la pérdida de libertades y de derechos, las censuras y amenazas contra quienes piensan diferente, e incluso el exilio y la desaparición de personas. Somos sabedores de la Doctrina Monroe o, como se la parafrasea actualmente, la Doctrina Donroe, en reconocimiento al papel que está jugando Trump con su mal llamado patio trasero continental.

Frente a las amenazas que sufre nuestra región respondemos con más formación, más diálogo y más integración regional. Queremos que nuestra revista siga siendo un puente: un lugar donde se compartan herramientas prácticas, se debatan ideas y se celebren los avances de quienes, desde sus trincheras cotidianas, defienden la democracia en sus países. Invitamos a quienes leen estas líneas a sumarse: inscríbanse en nuestros cursos, envíennos sus reflexiones, participen en los conversatorios. Porque la unidad latinoamericana y caribeña que soñamos no se construye sola: se teje con participación y compromiso colectivo.

Desde estas páginas seguiremos apostando a la formación y al intercambio respetuoso de ideas, pero mantendremos siempre como una bandera el sueño de una América Latina y el Caribe unidos, sin injerencias y con democracias fuertes.

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