Las de cal y las de arena del primer año de Sheinbaum

Por Federico Irazabal

A un año de su histórico triunfo electoral, Claudia Sheinbaum consolida un liderazgo propio en la Presidencia de México, alejada de la sombra de AMLO, con logros en su gestión que marcan un balance positivo, pese a la violencia persistente.

Es indudable que el resultado de la elección del 2 de junio de 2024 fue histórico para México, ya que por primera vez una mujer llegaría a la Presidencia de la República, pero ese carácter histórico se vio reforzado por el hecho de haber sido la elección presidencial en la que el ganador obtuvo la mayor cantidad de votos de la historia. Más de 35 millones de mexicanos se inclinaron por Claudia Sheinbaum, quien superó el récord existente de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de 2018, cuando el oriundo de Tabasco alcanzó poco más de 30 millones de sufragios.

La sombra de AMLO

Más allá de su sólida trayectoria política, su destacado rol en el movimiento de la izquierda mexicana, y la evidente simpatía de López Obrador, Claudia Sheinbaum llegaba a la presidencia con un primer desafío: ubicarse por fuera de la sombra de AMLO y construir una figura con peso propio.

Me reconozco entre los escépticos que, desde el primer momento, el de la decisión de llevar a Sheinbaum como candidata de Morena, pensábamos que le iba a ser muy difícil despegarse de una eventual incidencia del expresidente López Obrador en el día a día de la política. Por el momento, y a poco más de un año en ejercicio de la Presidencia, Claudia Sheinbaum parece habernos contradicho. Y tal vez ese sea el primer logro que pudiera enumerar si este artículo tuviera ese formato tan ganchero de las redes, del estilo: “tres claves del gobierno de Claudia Sheinbaum”.

Probablemente, esto no sea solo atribuible a la presidenta Sheinbaum, sino que como en el tango, se necesitan dos para bailar, y el expresidente también ha tenido una actitud de distancia del poder realmente inesperada. Retirado en su casa de Chiapas, López Obrador se mantuvo ajeno a los movimientos del nuevo gobierno; ni siquiera marcó líneas en la conformación del gabinete, no apareció en el conflicto con Trump por los aranceles, y tampoco se manifestó públicamente durante el proceso de elección del Poder Judicial, por citar tres momentos destacables del segundo gobierno de Morena.

Gracias a esa distancia, la presidenta pudo consolidar un equipo propio y fortalecer su narrativa relacionada con la importancia de las mujeres en los gobiernos de la transformación, y un estilo menos confrontativo, más técnico que el de su antecesor. Si bien el escenario electoral del 2030 aparece aún lejano, se puede anticipar la irrupción de una línea “claudista” en la próxima puja presidencial, frente a los puros de Morena y los históricos candidatos.

Claudia: presidenta y líder

Otro de los logros adjudicables al primer año del Claudia Sheinbaum tiene que ver con la concreción de algunos éxitos vinculados con la institucionalidad y el poder. En primer lugar, concluyó con éxito la reforma del Poder Judicial celebrando elecciones para diferentes niveles de la administración de justicia en junio de 2025. Este cuestionable proceso institucional no alcanzó una participación significativa del electorado, pero consiguió avanzar en la idea de una democracia extendida a todos los niveles, y que refuerza el sentido del pueblo gobernando.

Un segundo eje de la narrativa, esta vez más personal, tiene que ver con su capacidad de liderazgo y su rol como líder más allá de fronteras. A diferencia de su antecesor, que realizó un gobierno de puertas hacia adentro, Claudia Sheinbaum le apostó un poco más fuerte a una agenda internacional, participando de la cumbre del G20 en Río de Janeiro, de la Cumbre de la CELAC en Tegucigalpa, y como invitada en la reunión del G7 en Canadá. A estos eventos internacionales se le suma una agenda de reuniones bilaterales con mandatarios extranjeros bastante más fluida que la de López Obrador, lo que la situó en una posición de fortaleza frente a las constantes amenazas arancelarias de Donald Trump.

Con firmeza y el trabajo de un equipo diplomático y comercial de primera línea, Sheinbaum logró contener las embestidas de Trump en materia comercial y capitalizó internamente el sentimiento nacional, en una suerte de rally-around the flag ante las tarifas arancelarias y las deportaciones masivas. 

En materia de seguridad, el principal problema que enfrenta hoy México, hay incluso logros a exhibir. La estrategia desplegada por Omar García Harfuch, secretario de seguridad y hombre de máxima confianza de la presienta ha tenido algunos avances, logrando la disminución en algunos delitos, como los homicidios en un 25%. Claro que, ante un panorama de violencia vinculada al crimen organizado, esos logros parecen todavía insuficientes. Las denuncias de colusión con el crimen organizado contra diferentes actores políticos mexicanos (gobernadores y senadores incluidos) empujan al gobierno a aumentar la presión sobre los grupos criminales y a hacer algunos ajustes a la interna del gobierno y del partido. 

Derivado de la mejora en el resultado al combate contra el delito y el crimen organizado, algunos grupos se refugiaron en determinadas regiones para reforzar su control, como evidencian los casos de Sinaloa y Michoacán. Ante la permanente amenaza de Trump de desplegar fuerzas norteamericanas para combatir a los carteles en territorio mexicano, el gobierno busca alternativas para mejorar esos resultados.

Los desafíos en el horizonte

En el corto plazo, el gobierno de Claudia Sheinbaum tiene dos desafíos a la vista. El primero de ellos es la organización de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, en conjunto con Estados Unidos y Canadá. Este evento, uno de los mayores a nivel de audiencia y repercusión mediática constituirá una prueba de fuego al capacidad de México de ofrecer seguridad a miles de turistas de todo el mundo y a delegaciones deportivas de primer nivel, en un evento que durante un mes tendrá casi el 100% de los ojos del mundo puestos en él. También es una oportunidad para ponerse a la altura de dos países con mayor capacidad en el desarrollo de este tipo de eventos, y compartir escenario con su principal antagonista del momento, Donald Trump, y aprovechar una buena estrategia de contraste con el polémico mandatario norteamericano.

Un poco más adelante en el tiempo, en 2027 se realizarán elecciones municipales y legislativas, que suponen la renovación de unas 3000 presidencias municipales, los 500 escaños de la Cámara de Diputados y varias vacantes en el Poder Judicial. Además, habrá elecciones a gobernador en diecisiete estados, algunos de ellos clave para mantener la hegemonía morenista a nivel de las gubernaturas.

Pero tal vez el principal desafío de Claudia Sheinbaum relacionado a este evento electoral sea la aprobación de una propuesta de reforma electoral, sobre la que aún no hay siquiera un texto propuesto, pero de la que se especula que uno de sus principales ítems será la eliminación de las candidaturas plurinominales, lo que reduciría aún más las posibilidades de representación de los partidos de oposición en ambas cámaras legislativas.

El saldo al cierre

Este primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum concluye con un balance positivo. En base a un buen trabajo político y fuerte presencia en territorio y en el escenario mediático, la presidenta ha logrado construir un perfil propio, que cosecha excelentes niveles de aprobación en cualquiera de las encuestas que midan esta variable.

En materia económica no hubo sorpresas ni sobresaltos, a pesar de que las previsiones de crecimiento del PIB no muestran aumentos significativos. Por el momento, contener la arremetida de Trump en materia de aranceles parece ser la principal preocupación, y viene sorteándola positivamente.

La continuidad de su estrategia de seguridad en el combate al crimen organizado, con la consolidación del Plan Michoacán marcará el tono de la lucha contra los grupos delictivos, buscando no eliminar, pero sí dejar atrás el planteo anterior de “abrazos, no balazos”, producto de algunas manifestaciones políticas de grupos opositores que buscan activar una “generación Z”, convocando a manifestaciones supuestamente apolíticas que piden cambios en el gobierno. Este punto tal vez sea el flanco más débil en el horizonte de Sheinbaum: resucitar a una oposición que perdió su peso en la representación parlamentaria, y buscará recuperar algo de espacio en un terreno que por el momento no domina: el de la calle.

Federico Irazabal (Uruguay) es sociólogo; consultor en comunicación política; especialista en opinión pública, sistemas electorales y planificación de campañas. Consultor del programa Partidos Políticos y Democracia en América Latina (Konrad Adenauer Stiftung). Participó en procesos electorales y de capacitación en varios países de América Latina y el Caribe. X: @fede_irazabal / Instagram: @fede_irazabal

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