Reelección histórica en Santa Lucía

Philip J. Pierre y el Partido Laborista ganaron 14 de 17 escaños en elecciones de Santa Lucía, con el 55,77% de votos. Se trata de una victoria histórica, ya que es el primer gobierno reelecto desde 1979, en unas elecciones marcadas por la baja participación.

Las elecciones generales de Santa Lucía, celebradas el 1 de diciembre de 2025, marcaron un hito en la historia política de esta nación caribeña de apenas 180.000 habitantes. Por primera vez desde la independencia en 1979, un gobierno en funciones —el Partido Laborista de Santa Lucía (SLP, por sus siglas en inglés)— logró una reelección consecutiva con un margen ampliado, rompiendo un ciclo de 24 años de gobiernos de un solo mandato.

El primer ministro Philip J. Pierre, líder del SLP, convocó elecciones anticipadas disolviendo el Parlamento el pasado 10 de noviembre, apenas cuatro años después de su victoria en 2021. Esta movida estratégica buscaba capitalizar la estabilidad económica post-pandemia y contrarrestar críticas crecientes sobre crimen y corrupción.

Con un padrón de 184.654 votantes y una participación del 48,45% —la más baja en décadas, un descenso de 2,63 puntos porcentuales respecto a 2021—, los comicios se desarrollaron en un clima de polarización, pero sin incidentes mayores, bajo la supervisión de misiones de la OEA y Caricom (Comunidad del Caribe).

Un mandato bajo presión

Santa Lucía, una isla volcánica dependiente del turismo y la agricultura, enfrentaba en 2025 una recuperación frágil tras el COVID-19. El SLP asumió el poder en 2021 con 13 escaños, prometiendo equidad social y crecimiento inclusivo. Pierre, un abogado de 53 años con raíces en el sindicalismo, impulsó un salario mínimo, redujo el desempleo al 7-8% —el más bajo histórico— y fortaleció lazos con la región Caricom. Sin embargo, el gobierno lidió con huracanes, inflación y un escándalo en el programa de “ciudadanía por inversión” (CBI), que vende pasaportes a millonarios extranjeros por hasta 200.000 dólares, generando el 30% de los ingresos fiscales, pero atrayendo críticas de Estados Unidos por lavado de dinero y vínculos con adversarios geopolíticos. La oposición, el Partido de los Trabajadores Unidos (UWP), capitalizó estos temas para erosionar la legitimidad de Pierre, recordando abusos policiales que llevaron a la suspensión de ayuda estadounidense bajo la Ley Leahy[1].

El sistema electoral, de mayoría simple en 17 circunscripciones uninominales, favorece mayorías absolutas y polariza el debate entre los dos grandes bloques: el centro-izquierda del SLP (socialdemócrata, enfocado en welfare state y diplomacia regional) y el centro-derecha del UWP (conservador, pro-empresarial y pro-occidental). Menores como el Partido Congreso Nacional (NCP) e independientes jugaron roles marginales.

El SLP presentó una lista renovada, con Pierre como figura central en Castries East, en donde se destacaron Ernest Hilaire (viceprimer ministro y exembajador en la ONU, en Castries South) y Emma Hippolyte (en Soufriere, activista ambiental y defensora de la juventud). El partido, fundado en 1951, representa tendencias socialistas moderadas, sus énfasis programáticos son la educación gratuita, salud universal y empoderamiento de mujeres y jóvenes.

La UWP, liderada por Allen Chastanet (52 años, empresario hotelero y ex primer ministro 2016-2021), apostó por la renovación con 12 caras nuevas en la política local. Chastanet, hijo de un magnate sirio-libanés, buscó reconectar con su base conservadora en Micoud South.

La UWP es un colectivo conservador-liberal que promueve el libre mercado, alianzas con Estados Unidos y Reino Unido, además de reformas fiscales, pero arrastra el estigma del nepotismo y el elitismo.

Independientes como Stephenson King (Castries North, ex primer ministro UWP disidente) y Richard Frederick (Castries Central, exministro de Justicia) representaron disidencias conservadoras, atrayendo votos antipartidarios.

Narrativas, issues y el lado sucio

La campaña, de apenas tres semanas (del 21 de noviembre al 1 de diciembre), fue intensa y bimodal: por un lado, un relato oficial de “avance juntos” promovido por el SLP; por el otro, un lodazal de ataques personales que dominó redes sociales y mítines.

Pierre centró su narrativa en la estabilidad y el toque personal: “Hemos construido sobre cimientos sólidos”, repetía en los puerta a puerta y en las reuniones comunitarias, destacando 5.000 nuevos empleos en turismo, becas para 2.000 jóvenes y un crecimiento del PIB del 3,5% en 2024. El SLP enfatizó su empatía con las “luchas cotidianas” —alza de precios, acceso a salud— y un legado histórico de justicia social, movilizando mujeres y sindicatos. Su estrategia grassroots, abarcó el 80% de cobertura territorial.

Chastanet, por su parte, tejió un relato de renovación y accountability: “Es hora de auditar el caos”, acusaba, culpando al SLP de un “aumento del 40% en homicidios” (50 en 2025) y la “opacidad en pasaportes” que costó 10 millones en ayuda USA. Invocó el legado de Compton —fundador del UWP y héroe nacional— para posicionarse como continuador de prosperidad prepandemia, prometiendo 10 mil empleos vía inversión extranjera y “policía moderna” con apoyo bilateral. Sin embargo, inconsistencias dañaron su mensaje: distanciarse de Compton en debates para evitar su imagen autoritaria, pero invocarlo en spots, generó escepticismo.

El “lado sucio” de la campaña empañó todo. La UWP usó canciones en los que decía que Pierre era autista, hecho que generó gran malestar en las asociaciones de discapacitados. También se constataron ataques a mujeres candidatas y raciales contra Chastanet (“blanco extranjero”), en publicaciones que proliferaron en Facebook y TikTok.

Surrogados no regulados[2] amplificaron “corrupción” e “incompetencia”, con memes virales y deepfakes menores. Analistas como Cynthia Barrow-Giles notaron que este “roro” (barro) distrajo de políticas, beneficiando al SLP por su tono unificador.

La participación baja reflejó apatía juvenil, con solo 40% de los menores de 30 años votando, pese a campañas focalizadas en redes sociales como Instagram.

Los resultados finales marcaron que el SLP arrasó con 14 escaños (de 13 en 2021), registrando 48.855 votos (55,77%), mientras que la UWP cayó a un escaño (Micoud South, Chastanet con 58,6%), al obtener 32.597 votos (37,21%) —su peor resultado desde 1997. Independientes retuvieron dos escaños: King (Castries North, 66%) y Frederick (Castries Central, 59,5%). NCP obtuvo 0,05%.

Tendencias políticas y legado

Pierre, reelecto en su bastión, emerge como el arquitecto de esta “victoria histórica”, con tendencias hacia un SLP más consolidado: socialdemocracia pragmática, con énfasis en equidad regional y sostenibilidad. Hilaire y Hippolyte simbolizan diversidad (afrocaribeña, femenina).

Chastanet renunció el pasado 5 de diciembre, abriendo un relevo en UWP hacia figuras como Guy Joseph, pero el partido enfrenta crisis identitaria: ¿más liberal o populista?

El proceso electoral en Santa Lucía muestra un debilitamiento del clásico péndulo bipartidista. Los independientes ganan terreno como válvula antiélite y la baja participación juvenil (48,45 %) enciende alarmas sobre desafección. El SLP triunfó gracias al “toque personal” de Pierre y la conexión emocional con el legado laborista, mientras las promesas abstractas y tecnocráticas del UWP no lograron movilizar. Las felicitaciones de Maduro (Venezuela) y Mia Mottley (Barbados) refuerzan la lectura de un leve giro izquierdista en el Caribe anglófono. En resumen, estas elecciones consolidan estabilidad en Santa Lucía, pero exigen reformas en CBI[3] y crimen para sostener el mandato. Pierre prometió “gobernar para todos”, pero la oposición fragmentada vigilará. Un capítulo vibrante en la democracia caribeña, donde el pueblo optó por continuidad sobre cambio radical.


[1] La Ley Leahy es una normativa estadounidense que prohíbe al Departamento de Estado y al Departamento de Defensa entregar asistencia militar, entrenamiento o fondos a unidades extranjeras de seguridad (ejército, policía, etc.) cuando existen evidencias de que han cometido graves violaciones a los derechos humanos y no han sido investigadas ni sancionadas.

[2] Cuentas, páginas o grupos anónimos financiados que hacen campaña sucia sin declarar gasto ni responsable.

[3] CBI (Ciudadanía por Inversión) es el programa mediante el cual Santa Lucía y otros países caribeños venden pasaportes a inversores extranjeros ricos. En 2025 se endurecieron las reglas (tope de 500 pasaportes al año, más controles y requisitos) para frenar el lavado de dinero y responder a presiones de Estados Unidos y la Unión Europea.

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