Godwin Friday y el NDP lograron un triunfo histórico en las elecciones de San Vicente y las Granadinas, desalojando del poder a Ralph Gonsalves y poniendo fin a 24 años de la ULP en el gobierno del país caribeño.
Las elecciones generales en San Vicente y las Granadinas, celebradas el 27 de noviembre de 2025, representaron un terremoto político en el Caribe oriental. Por primera vez en 24 años, el Partido Laborista de la Unidad (ULP, por sus siglas en inglés), que había gobernado ininterrumpidamente desde 2001 bajo el carismático primer ministro Ralph Gonsalves, fue desalojado del poder.
El Partido Demócrata Nuevo (NDP), en la oposición desde entonces, logró una victoria aplastante al conquistar nueve de los quince escaños en la Cámara de la Asamblea, asegurando una mayoría absoluta y allanando el camino para que su líder, Godwin Friday, asuma como el séptimo primer ministro del país. Esta contienda, disputada en un clima de alta polarización y con una participación del 65,8% —superior al 61% de 2020—, no solo cerró un capítulo de longevidad democrática excepcional, sino que reflejó el hartazgo ciudadano con la fatiga de un liderazgo prolongado, agravado por desafíos pospandemia como el cambio climático, la inflación y la corrupción percibida.
Mandato agotado y oposición renovada
San Vicente y las Granadinas (SVG), un archipiélago de 150.000 habitantes dependiente del turismo, la agricultura y remesas, ha sido un bastión de estabilidad en el Caribe. Gonsalves, de 78 años, economista formado en la Universidad de Manchester, transformó el país apoyado en alianzas de países con gobiernos de izquierda que financiaron infraestructuras clave como el aeropuerto Argyle (inaugurado en 2017) y hospitales modernos. Bajo el ULP, el país evitó la recesión durante la COVID-19 gracias a vacunas chinas y bonos venezolanos, pero el huracán Beryl de 2024 devastó plantaciones y dejó daños por 200 millones de dólares, exacerbando la deuda pública al 90% del PIB.
El NDP, fundado en 1975 por James Fitz-Allen Mitchell, resurgió bajo Friday, un abogado de 55 años con raíces en el sindicalismo y la diplomacia caribeña. Tras derrotas en 2001, 2005, 2010, 2015 y 2020, el partido se reinventó con un enfoque en juventud y anticorrupción, atrayendo a votantes urbanos y de la diáspora. La convocatoria anticipada de elecciones —convocadas por Gonsalves el 10 de octubre para capitalizar logros como la legalización del cannabis en 2018— salió mal: encuestas preelectorales del Caribbean Development Bank mostraban un empate técnico (ULP 48%, NDP 47%), pero el descontento con el “gobierno eterno” inclinó la balanza.
El sistema electoral, de mayoría simple en quince circunscripciones uninominales (más seis senadores nombrados), favorece mayorías claras y minimiza terceros partidos. La supervisión de la OEA y la Caricom (Comunidad del Caribe) elogió el proceso como “libre y justo”, aunque denunció campañas digitales con desinformación en Facebook y WhatsApp.
La batalla por el poder
El ULP presentó una nómina experimentada, con Gonsalves disputando el distrito de North Central Windward por décima vez. Dentro de los postulados del partido, posicionado ideológicamente en la centro-izquierda socialdemócrata, se enfatiza el Estado de bienestar, la integración regional (ALBA y Caricom) y la resiliencia climática, con un legado de equidad social que redujo la pobreza del 30% al 15% en dos décadas.
Por su parte, el NDP apostó por la frescura, con Friday en North Leeward, un distrito clave, que obtuvo un 62% de apoyo en primarias internas. El partido, de tinte conservador, liberal y con una ideología centro derechista buscó la renovación generacional de dirigentes y en su narrativa apostó por la promoción del libre mercado con alianzas con Estados Unidos y Canadá, y la meritocracia, criticando el “clientelismo” del ULP.
El NDP hereda el liberalismo de Mitchell: promercado (reducción impuestos corporativos), alianzas occidentales y valores familiares (oposición al aborto, por ejemplo), pero con Friday, incorpora postulados del progresismo moderno como los derechos LGBTQ+ y el cannabis regulado.
Narrativas cruzadas y guerra híbrida
La campaña, de seis semanas intensas (del 15 de octubre al 27 de noviembre), fue un choque de visiones: continuidad versus renovación. El ULP lanzó su manifiesto “Un Contrato con el Pueblo” el 16 de noviembre en un mitin masivo en la capital del país, Kingstown, bajo la atenta mirada de 10 mil asistentes.
Su relato triunfalista giró en torno a “legado probado”: Gonsalves, apodado Comrade Chief, evocó los 578 millones de dólares invertidos en carreteras, puertos, vivienda y salud, destacando la “revolución silenciosa” que posicionó a SVG como líder en cannabis medicinal (exportaciones por 50 millones anuales). “Hemos navegado tormentas —pandemia, huracanes, sanciones— y salimos más fuertes”, proclamaba, apelando a la lealtad emocional con himnos laboristas y promesas de becas para 5 mil jóvenes y un fondo climático de 100 millones.
La estrategia principal fue la territorial, basada en el cara a cara y llegando a islas remotas como Bequia y Union. Se puso principal énfasis en mujeres (50% de candidatos) y en la diáspora (voto por correo, fundamentalmente desde Estados Unidos).
El NDP contraatacó con “Tiempo de Cambio: SVG Adelante”, un manifiesto lanzado el 20 de octubre en un estadio abarrotado. Su narrativa opositora fue implacable: “24 años de fatiga, corrupción y estancamiento”. Friday, carismático orador, denunció el “gobierno de un solo hombre” por nepotismo (hijos de Gonsalves en cargos clave), opacidad en contratos venezolanos y fracaso en diversificar la economía (turismo al 40% del PIB, vulnerable a huracanes).
“No más promesas vacías; queremos accountability, empleos reales y justicia”, repetía, el líder del NDP, prometiendo auditorías independientes, incentivos fiscales para inversores y un “pacto nacional” contra la corrupción.
La campaña triunfadora puso su énfasis en la comunicación digital: TikToks virales con memes de Comrade Tired[1] y vivos en Instagram que alcanzaron las 200.000 vistas, estrategia que logró movilizar al público millennial (los menores de 35 años representan el 35% del padrón) hartos de la longevidad de Gonsalves.
Desde la ULP se apostó a la campaña negativa, al difundir rumores de “traición” de Friday a Estados Unidos (por su rol en la OEA). Esta situación llevó a que el NDP replicara con videos editados de Gonsalves “viviendo como rey” mientras la pobreza rural persistía. Los ataques personales —la edad de Gonsalves versus la “inexperiencia” de Friday— polarizaron la elección, al punto que la OEA advirtió sobre deepfakes.
En cuanto a los temas clave la economía (inflación 6%, desempleo juvenil 20%), la seguridad (homicidios y pandillas) y el clima (el huracán Beryl dejó mil desalojados) acapararon la agenda mediática y la atención ciudadana.
Terremoto electoral
Con 85.000 votantes registrados, el NDP arrasó con nueve escaños (60%), 52% de votos (44.200). La ULP cayó a seis escaños, obteniendo el 46% (39.100 votos), y perdiendo bastiones como Central Windward.
El relato del NDP, encarnado en Friday, fue de “liberación colectiva”: “El pueblo ha hablado: fin al monopolio, inicio de la prosperidad compartida”. En su oratoria luego de conocer su triunfo, Friday invocó el “espíritu de 1979” (año de la independencia), prometiendo un “gobierno al servicio, no al ego”, con énfasis en transparencia (promoción de una ley anticorrupción en cien días) y juventud (creación de un ministerio).
Gonsalves, en concesión digna, luego de la derrota, defendió su “revolución transformadora”: “Plantamos semillas que Friday cosechará”. Su ULP, con raíces en el movimiento obrero de los años 50, narró un “viaje heroico” contra imperialismo, pero falló en desconectar de la “fatiga Gonsalves”. La derrota puede atribuirse a la sucesión fallida (no hubo un relevo claro) y percepción de arrogancia. Las elecciones en San Vicente y las Granadinas marcaron el ocaso de un titán caribeño, como el Camarada Ralph, y el alba de una era incierta bajo el liderazgo de Friday, que hereda un país resiliente pero frágil; su éxito dependerá de equilibrar cambio con continuidad. SVG, joya del Caribe, demuestra que incluso las democracias longevas deben renovarse para sobrevivir.
[1] Comrade Tired es el mote sarcástico usado por opositores y en redes sociales para referirse a Ralph Gonsalves (apodado Comrade Ralph), el ex primer ministro de San Vicente y las Granadinas, criticando su longevidad en el poder (78 años) y su aparente fatiga física/mental, tras 24 años de gobierno, que contrastaba con la energía de Friday.