Por Leonardo Agustín Motteta
Cuando las encuestas y los analistas imaginaban un resultado desfavorable para el presidente argentino Javier Milei en las elecciones de medio término, el León sacó pecho y se llevó los laureles. Cómo se forjó el espinoso camino a la victoria, y cómo encara el envalentonado gobierno los dos años restantes para las elecciones presidenciales.
La canción de Sui Generis[1] describe una escena conocida de la política. El ocaso, el momento en donde baja la espuma y, frente a la efervescencia inicial de los buenos tiempos, aparecen las dudas, los problemas. La opinión pública, la misma que parecía apoyar incondicionalmente, se vuelve en contra. Los creyentes se vuelven escépticos y lentamente terminan por convertirse en desencantados.
Si bien el tiempo es el erosionador implacable de cualquier relación (y por eso se suele utilizar en política la metáfora de la “luna de miel”), generalmente este ocaso viene de la mano con errores de quienes detentan el poder político. El proceso es simple, pero la naturaleza del hombre lo hace difícil de evitar: envalentonado por los resultados electorales, el líder comienza a creer que no puede fallar y sus acciones no tienen consecuencias. El poder se disocia de la realidad (una realidad que, como dice Charly García, muy bien no conocen y deciden no oír), y avanza en un espiral descendente que es cada vez más difícil de detener.
Pero en el caso Milei, se dio (nuevamente) la novedad que rompió la regla. La Libertad Avanza tuvo sus tribulaciones, lamentos, pero no su ocaso. Lo que parecía precipitarse a una derrota que los dejaría frente a dos años muy difíciles, y mientras pululaban especulaciones sobre posibles sucesiones por vacancia del poder, terminó siendo un triunfo contundente que revitalizó al gobierno libertario.
Si bien se abordará el porqué de este resultado sorpresivo, también debemos preguntarnos por lo que viene. Es que, si no existió la pérdida de vitalidad esperada, es posible que se haya dado el movimiento contrario: un fortalecimiento de La Libertad Avanza como identidad política y una consolidación del presidente libertario en el poder. Si después de un proceso de desgaste, de un ajuste a sectores medios y trabajadores, y de varios desaciertos mediáticos en rápida sucesión, el gobierno sigue fuerte, es posible que estemos presenciando no un ocaso, sino un (nuevo) amanecer de Milei. Una posibilidad de remediar los errores y fortalecerse, empujado por la obtención de numerosas bancas en las cámaras legislativas.
En un contexto en donde el gobierno pretende avanzar con la reforma laboral, la cual es promovida históricamente por el antiperonismo argentino pero nunca logra hacerse realidad, la pregunta por el resurgimiento de las posibilidades de reelección del presidente y el fortalecimiento de su marca es cada vez más relevante. Avanzaré con el análisis del recorrido preelectoral, la situación posterior y lo que se viene.
Tribulaciones
Partimos del entendimiento de que el gobierno de Milei surcó aguas tormentosas, es decir, los errores y escándalos no fueron ajenos al ejercicio del poder. Con “el diario del lunes” podríamos discutir si estos acontecimientos no fueron sobredimensionados por la prensa y los analistas; y si en realidad estábamos frente a sucesos que no tenían un impacto importante en la imagen del gobierno. Sin embargo, según sondeos de opinión, parece comprobarse que existió realmente una apreciación negativa sobre estos eventos por parte de la población y una desaprobación de las acciones del presidente y sus funcionarios.
En la siguiente medición de Atlas Intel, queda clara la tendencia al aumento de la imagen negativa del presidente, que se da con altibajos desde febrero de 2025. La recuperación comienza con el resultado electoral favorable.

¿Cuáles fueron estos escándalos que dañaron la imagen del presidente?
Pretender abarcar este tema en su totalidad se hace difícil, porque los problemas y errores de la alianza gobernante fueron abundantes. El fentanilo contaminado, las coimas en la agencia de discapacidad (que implican a la hermana y mano derecha del presidente, Karina Milei), la moneda Libra (criptogate), el lazo de Espert con el empresario acusado de narcotráfico Fred Machado.
Cada uno de estos acontecimientos tuvieron un gran impacto mediático y pusieron en una situación complicada al experimento libertario. Se convirtieron velozmente en tema de discusión cotidiana, lo cual pone en juego la reputación de los involucrados, algo que nadie en política quiere enfrentar.
Si bien se podría decir que hubo algunas buenas noticias en el plano económico (me refiero específicamente a las negociaciones con Donald Trump y la desaceleración del fenómeno inflacionario), la bonanza prometida tampoco se hizo presente. Suba de impuestos, cierre de empresas, pérdida del poder adquisitivo, recortes a jubilados. La economía no terminaba de arrancar y las señales de la llegada de un porvenir dichoso eran cada vez más tenues.
Lamentos
Cuando las borrascas comienzan a soplar fuertes y el barco no se endereza, comienzan los intentos de salvar el naufragio. Y en política, generalmente, la desesperación le gana a la buena praxis. El problema surge cuando se empieza a perder el norte y el poder decide cerrar los oídos y creerse lo que su círculo repite (“no los oí, que vil razón, les molestaban sus barrigas”).
Las respuestas ante la crisis, suelen ser, más que operaciones de precisión, quejas de un gobierno enojado porque la respuesta de la población, que parecía obvia, fue distinta a la esperada. Y desde esa posición inicial errada, es difícil recuperarse.
El manejo de crisis fue poco efectivo en el caso de la comunicación de Milei. No se logró imponer un framing positivo para el gobierno en ninguno de los escándalos, y el “control de daños” fue inefectivo, al punto que las situaciones críticas se profundizaban con el tiempo.
El gobierno acusó el golpe, y los distintos comunicadores relacionados al mismo, comenzaron ante el desconcierto general, a lanzarse acusaciones cruzadas. El Gordo Dan, principal cruzado mileista en la batalla cultural de las redes sociales, cargaba contra las palabras cautelosas del ministro del Interior Guillermo Francos, al mismo tiempo que algún sector de la militancia culpaba al “cerebro” que ayudó a crear a Javier Milei, el consultor Santiago Caputo. No existió ni coordinación ni consenso. El gobierno atravesó la tormenta como pudo, con impericia y amateurismo.
Tomemos por ejemplo el caso de la relación entre José Luis Espert y Fred Machado. El escándalo explota cuando Espert era el candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, representando a La Libertad Avanza. Cuando se descubrió una transferencia de dinero por parte del empresario investigado por narcotráfico hacia el político libertario, todo fue cuesta abajo para Espert. Primero, eligió negar, pero las pruebas eran muy claras, tanto que existe una denuncia penal y una causa en Estados Unidos. Luego, ensayó embarrar la cancha culpando a su denunciante, Juan Grabois, de jugar políticamente contra él con mentiras. Pero al mismo tiempo, no pudo negar frente a un periodista en televisión que recibió dinero. Ante las pruebas, terminó aceptando que le transfirieron dinero, pero que no fue para la campaña. Dijo “no me bajo nada”. A los dos días, se bajó.
El gobierno no pudo no haber sospechado que la denuncia de Grabois iba a llegar. El escándalo data de la campaña a presidente de Espert en 2019 y ya había sido utilizado en su contra en 2021. Pero no pareció haber una preparación consecuente: idas y vueltas, funcionarios pidiendo explicaciones mientras que el presidente bancó públicamente a Espert; una reacción tardía de Santiago Caputo con un comunicado filmado que no cerró por ningún lado (comunicado que por cierto, no fue muy bien actuado por el acusado), y finalmente, una renuncia que obligó a dejarlo a Espert en la foto de la boleta única, al no haber tiempo para modificarla.
El mismo patrón se repitió en todos los escándalos del gobierno. Es un llamado de atención, porque demostró que, a pesar de contar con una maquinaria de comunicación aceitada, principalmente en redes sociales, carece de estrategias claras para dar respuestas ante situaciones inesperadas. Cuando se los requería, no aparecieron los pilotos de tormenta, dejando el barco a la deriva de los embates externos
¿Y el ocaso?
Invito al lector a recapitular sobre lo que se habló hasta ahora. Tenemos un gobierno que sufre en año electoral, una caída considerable de su imagen. A eso le sumamos diferentes escándalos, que sacuden a La Libertad Avanza y a sus aliados. Otro ingrediente que agregamos es que, ante estas crisis, el gobierno se equivoca de estrategia comunicacional, aumentando el impacto de los escándalos.
Si tendríamos que ponerle un final a la historia que acabamos de narrar, sería difícil que sea uno feliz. Milei fue a elecciones no solamente contra el peronismo, sino también contra los gobernadores “dialoguistas”, que percibieron la debilidad de la alianza gobernante y decidieron armar una escudería aparte. Algunos, hasta soñaban con la posibilidad de colgarse la banda presidencial, cuando, según sus cálculos, el experimento liberal quedara trunco.
Pero otra vez, el León dio la sorpresa.
La victoria de La Libertad Avanza fue contundente. Superó el 40% de los votos, ganando en quince provincias. Hasta ganó en la provincia de Buenos Aires, lo que parecía imposible teniendo en cuenta la elección provincial ocurrida un mes antes y las mediciones que circulaban en los medios. La fuerza de Milei ganó en muchos lugares en donde se asomaba como tercero y se consolidó a nivel nacional. La “tercera vía” de las provincias, quedó lejos de forzar un esquema de tercios, y el presidente obtuvo las bancas que necesitaba para fortalecer su poder en las cámaras legislativas.
¿Cambiemos 2.0?
La elección que terminó haciendo el partido gobernante, fue muy similar a la de Cambiemos en 2017, cuando esta fuerza arrasó en las elecciones intermedias. La mayor diferencia fue cómo llegaron cada uno a esta instancia. La alianza dirigida por Mauricio Macri llegaba envalentonada, con buena imagen y sosteniendo un gradualismo económico que les había ganado tiempo para retrasar el ajuste. El caso de Milei, como analizamos antes, fue todo lo contrario.
Se han ensayado distintas explicaciones sobre la razón de la victoria libertaria. De todas estas, las más difundidas son la que lo explica a través del voto antiperonista; y la que señala la importancia de la intervención de Trump.
Ambas hipótesis llevan algo de razón. Argentina históricamente se explicó más por el antagonismo peronismo-antiperonismo, que por la tradicional izquierda-derecha. El clima preapocalíptico que se encendió en los medios, con predicciones de suba del dólar y desmoronamiento de la economía, seguramente influyeron para extender el fenómeno del voto antiperonista, poniendo en alerta a la población de la posibilidad de la vuelta del PJ al poder. La figura de una Cristina Fernández de Kirchner presa volviendo a subirse al ring, sumado al recuerdo fresco del gobierno errático de Alberto Fernández, fue suficiente para que muchos decidieran apoyar al presidente. Más por el odio que por el amor.
El impacto de las acciones y palabras del presidente estadounidense son más difíciles de medir, pero indudablemente tuvieron influencia en el resultado final. El miedo es, tal vez, uno de los sentimientos más fuertes, y si logra ser interpelado comunicacionalmente, es muy posible utilizarlo para movilizar voluntades. Trump es un especialista de este tipo de política y logró captar la atención de muchos argentinos que no querían ver su esfuerzo dilapidado en vano.
Quedan algunas dudas en torno a que esta sea la interpretación completa del resultado electoral. Es verdad que el antiperonismo puede explicar el comportamiento electoral, pero en general se observaba que la aparición de una tercera fuerza con aparato iba a dificultar las posibilidades de polarización. De la misma manera, la intervención estadounidense también podría haber sido negativa para la imagen deteriorada del gobierno, que mostraba abiertamente que tenía grandes problemas económicos, al mismo tiempo que alejaba el voto nacionalista.
¿Qué más podría explicar la elección? En mi opinión, hay otro factor que no se está teniendo en cuenta: la emoción.
En comunicación política siempre resaltamos el papel de lo emocional frente a la razón. Si no interpelamos profundamente a los votantes, es muy difícil que nos ganemos su apoyo, más allá de todos los buenos argumentos que podríamos haber desarrollado. Tal vez, sin hacer un trabajo sobresaliente, La Libertad Avanza fue la única fuerza que logró llegar al corazón de la gente, a través de sentimientos positivos y negativos. Positivos por la esperanza de un futuro mejor, una Argentina potencia, en donde todos podamos cumplir nuestros sueños. Negativos por el miedo de volver al pasado triste, pobre y mediocre al cual nos condenarían los políticos de la “casta”.
El apartado de la emoción fue desaprobado por las demás fuerzas políticas. El peronismo se centró en el miedo, pero no terminó llegando a sus electores objetivo. Muchos que antes votaban al peronismo y discrepan fuertemente con Milei, decidieron votar a fuerzas menores, votar en blanco o ni ir a ejercer el derecho al sufragio. El peronismo sigue en su piso (alto, por cierto, pero insuficiente), y no puede levantar cabeza. Su discurso le habla a los propios y ya no gana corazones.
“Provincias Unidas” hizo una campaña de argumentos, razones y política. Quiso vender gestión, institucionalidad, normalidad. Ser los antiperonistas, pero cuerdos. Fue una campaña que le faltó el alma, y eso lo pagó caro. Los votantes prefirieron la opción no tan segura, pero que les decía algo que les llegaba.
La “locura” de Milei, es un rasgo del personaje que le otorga cierta humanidad, que lo separa del político clásico. Hoy en día, esto es un diferencial enorme frente a opositores que parecen cada día más lejanos de quienes representan. Esta sea tal vez la “bala de plata” de los libertarios que les permitió salir airosos de la contienda electoral.
Esto explica porque prefiero no llamar a La Libertad Avanza un “Cambiemos 2.0”. El resultado fue similar, pero por causas diferentes. El gobierno dirigido por el PRO obtuvo un resultado que tenía que ver con una gestión aprobada, la consolidación de una marca y una comunicación con pocas grietas. La Libertad Avanza logró lo mismo, pero su principal arma fue la emoción, seguramente potenciada por la errática experiencia liderada por Alberto Fernández.
¿Cómo quedaron las cámaras?
Las expectativas del gobierno siempre fueron las de crecimiento. Al ser una fuerza que aumentó su caudal de votos exponencialmente en los últimos años, el número de diputados propios era muy reducido, y cualquier resultado le aseguraba sumar bancas. Sin embargo, la contundencia del resultado cambió el escenario político de forma inesperada.
Empecemos por la cámara de diputados. Sumando al PRO, los libertarios cuentan con 107 bancas, convirtiéndose en la primera minoría. El peronismo quedó con 98 y Provincias Unidas solo cosechó 17.

Es cierto que la fragmentación de las fuerzas menores dificulta la posibilidad de alcanzar consensos que le den mayor gobernabilidad a la gestión de Milei. Sin embargo, La Libertad Avanza en el pasado, ya logró impulsar proyectos en el congreso desde una posición más desfavorable. Siendo la primera minoría, los libertarios pueden encarar las negociaciones desde otro lugar, y de esta manera tener más herramientas para hacer política en la cámara.
En el Senado la ecuación es más difícil, pero para nada imposible. La Libertad Avanza logró igualar en bancas al peronismo, quedando la cámara con un escenario de tercios (24 por lado y 24 de otras fuerzas). Pero teniendo la lapicera, es decir, siendo la fuerza que dirige el ejecutivo y con la posibilidad de negociar con los gobernadores, los libertarios tienen buenas perspectivas para llevar adelante su agenda legislativa.
Requiere un paréntesis el principal problema que tiene el gobierno en el Senado, que irónicamente no viene desde la oposición: la vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien oficia de cabeza en esa cámara no tiene buena relación con nadie perteneciente a La Libertad Avanza. No hay diálogo entre Milei y la vicepresidenta, lo que puede dificultar negociaciones y permitirle al peronismo bloquear intentos parlamentarios del ejecutivo. Villarruel tiene algunas herramientas para mojar la pólvora de un gobierno que viene envalentonado.
Un ejemplo del nuevo poder de fuego del presidente se dio en la reunión con los gobernadores dialoguistas. La misma sucedió apenas terminada la elección, convocada por el mismo Milei. No faltó (casi) nadie (la no presencia de Axel Kicillof era, como dicen, cantada). La foto fue muy clara: de ahora en más, quien dirigía era Milei y, para conseguir lo que los gobernadores querían, había que sentarse a escuchar la oferta del presidente. Los recortes presupuestarios calaron fuerte en las provincias, lo que llevó al intento de fortalecerse en la legislatura a través de provincias unidas. Al final, la apuesta no terminó pagando.
¿Amanecer?
Al final, nadie gritó revolución. Los “gritos de las bestias” que horrorizan al soberano fueron tapados por el rugido del León que salió fortalecido. Un gobierno golpeado, que pasó por los pasos previos a la debacle, no solamente sobrevivió, sino que salió airoso.
La pregunta que surge en esta etapa es: ¿estamos asistiendo a un nuevo amanecer de La Libertad Avanza, que borra los errores del pasado y se encamina decididamente a la reelección? ¿O en realidad lo que observamos es un hecho coyuntural, que puede terminar como terminó Cambiemos en 2019? Recordemos que la alianza que puso en la Presidencia a Mauricio Macri, perdió en primera vuelta contra el peronismo, más allá de la victoria contundente de 2017 en las elecciones intermedias.
La eficacia como marca de La Libertad Avanza y la potencia del fenómeno Milei son, a estas alturas, innegables. Argentina vio caer muchos intentos de ajustes y reestructuraciones, que tuvieron muchos mejores modales que el fenómeno actual. Pasaron por las mismas tribulaciones y los mismos lamentos, (tal vez, hasta con más soltura), pero se quedaron en la mitad. Milei no avanza con mucha cautela, pero eso no lo detiene. Y a la oposición le cuesta cada vez más interpelar a un grupo grande de personas que rechaza a este gobierno, pero también a los anteriores.
Se discute mucho sobre la importancia de las redes, los algoritmos y las nuevas formas de comunicar. Sin intención de ingresar a este importante debate, me parece relevante decir que la elección de La Libertad Avanza demuestra que muchas cosas han cambiado, y que asistimos a un fenómeno comunicacional sobre el cual debemos generar herramientas nuevas de análisis para abarcarlo.
Mientras se le recomendaba prudencia al presidente, las declaraciones eran polarizantes. Cuando se le decía que el show en el Movistar Arena “piantaba” votos, los libertarios fueron para adelante. En el momento en que parecía sensato hacer la paz con la prensa, Milei decidió atacar periodistas. Ejemplos variados de una fuerza política que rompió varios manuales de comunicación y se salió con la suya. Se nos presenta una tarea importante, que es la de seguir generando herramientas de análisis para poder dar cuenta de las transformaciones que se han operado en la opinión pública y consecuentemente, en la mente de los votantes.
La pregunta del posible amanecer queda, por ahora, sin respuesta. El espaldarazo de la elección dejó bien parado al gobierno, pero eso no borra los problemas del pasado, ni soluciona los temas del presente. Una elección intermedia no es la final, y faltan muchos pasos para llegar al 2027. Pero la resiliencia de un gobierno que superó un camino sinuoso deja a Milei muy esperanzado. Deberán tomar nota los opositores, aquellos que ya no convencen ni gustan. La perspectiva de un proyecto alternativo a la Argentina libertaria quedó trunca con la elección de este año, no hay candidato ni nada que se le oponga a lo que ya existe en el país. Es momento de barajar y dar de nuevo, dejando de lado las explicaciones que culpan al votante, buscando descifrar las causas de la derrota, para empezar a crear algo que conecte realmente con el pueblo argentino.
Si esta tarea no se completa, la reprobación caerá del lado de la oposición y terminaremos asistiendo así, al ocaso de estos proyectos. No saber leer la situación y actuar con soberbia, lleva a la irrelevancia política. Y si así fuera el caso, predecir el final de esa historia, es mucho más fácil.
Leonardo Agustín Motteta (Argentina) es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario. Se desempeña como consultor, analista político y redactor. Es investigador en el Centro de Estudios de Política Internacional de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Linkedin – Leonardo Agustín Motteta
[1] Sui Generis, grupo de rock argentino conformado por Charly García y Nito Mestre, lanzó en el año 1973 el disco Confesiones de invierno, que incluía el tema Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario o no, al que hace referencia el autor.