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Haití es el único país de América Latina y el Caribe que ha convocado elecciones para este trimestre. La primera vuelta de sus elecciones generales está programada para el 30 de agosto de 2026. De todas formas, la extrema violencia que vive el país y la frágil institucionalidad hace que sea muy incierto que se celebren los comicios.

Haití

Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, se encuentra formalmente en camino hacia sus primeras elecciones generales en casi una década. Según el calendario del Consejo Electoral Provisional (CEP), la primera vuelta de las elecciones presidenciales, legislativas y locales está prevista para el 30 de agosto de 2026, con una posible segunda vuelta el 6 de diciembre de 2026. El nuevo presidente debería asumir el 7 de febrero de 2027.

En estos comicios se elegirá al presidente de la República por cinco años, los 30 escaños del Senado, los 119 miembros de la Cámara de Diputados, y numerosas autoridades municipales y locales.

Uno de los datos más llamativos de este proceso es la inscripción masiva de partidos. Entre el 2 y el 12 de marzo de 2026 se registraron 320 partidos y coaliciones ante el CEP. Tras la revisión, se aprobaron 282 formaciones políticas para participar. Esta cifra récord muestra el gran interés de la clase política haitiana, pero también su extrema fragmentación, lo que augura un congreso muy divididos y posiblemente una difícil de gobernación.

La mayoría de los partidos coinciden en los diagnósticos: seguridad, reconstrucción institucional, lucha contra la pobreza extrema y el hambre, y atracción de inversión. Sin embargo, las soluciones difieren, mientras algunos enfatizan el diálogo nacional y la reconciliación otros proponen mano dura contra las pandillas. Temas como la diáspora, la reforma agraria y la soberanía económica también aparecen con frecuencia.

Aún no existen encuestas públicas confiables ni un candidato claro como favorito. Nombres como Edgard Leblanc Fils (OPL), Leslie Voltaire (Fanmi Lavalas), Claude Joseph (EDE) y algunos independientes del sector privado suenan con fuerza, pero la campaña oficial recién comenzará en marzo y todo puede cambiar drásticamente.

A pesar del avance formal, la realización de las elecciones es altamente incierta. Haití vive una crisis de seguridad extrema: pandillas armadas controlan gran parte de Puerto Príncipe y otras regiones, hay más de un millón de desplazados internos, hambruna aguda y un colapso casi total de las instituciones. El país no tiene presidente electo desde el asesinato de Jovenel Moïse en 2021 y el parlamento está inactivo desde 2019.

El primer ministro y diversas autoridades han reconocido públicamente que la situación actual no garantiza unas elecciones seguras en agosto. Faltan fondos, hay retrasos en el registro de votantes y no existe un control territorial mínimo en varias zonas. Aunque las elecciones aún no han sido suspendidas oficialmente, la gran mayoría de analistas y organismos internacionales consideran muy probable un nuevo aplazamiento si no mejora drásticamente la seguridad en los próximos meses.

Haití se encuentra ante una encrucijada histórica: o logra organizar un proceso electoral mínimamente creíble que restaure legitimidad institucional, o la inestabilidad crónica seguirá postergando el retorno a la normalidad democrática. Todo dependerá de si en las próximas semanas se logra avanzar en el control de las pandillas y en la organización técnica de los comicios.

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