La desgracia y el espectáculo de la gestión política

Por Francisco Córdova Echeverría

Una imagen puede fortalecer un liderazgo o convertirse en un símbolo de desconexión. Una selfie tomada en medio de una tragedia puede transformar la gestión en espectáculo. En comunicación de crisis, la empatía también es una forma de gobernar.

Hace unos días, en el marco de un desastre por lluvias en Chile, autoridades del gobierno de José Antonio Kast, encabezadas por Daniel Mas Valdés, ministro de Economía y Minería, se tomaron una foto selfie, muy sonrientes, con las operaciones de limpieza y reconstrucción de los daños a sus espaldas. El contexto es de desgracia y dolor para cientos de familias, de afectación a la vida normal de ciudades, y de daño público y privado que costará cientos de millones de pesos en recuperar, pero la foto representa un goce, un regocijo.

Una de las críticas de la oposición populista de derechas al gobierno anterior, presidido por Gabriel Boric, fue la “inexperiencia e incapacidad” de su gestión para hacer frente a los problemas crónicos y urgentes del país. Y como es evidente, esas críticas terminan siendo pruebas que deberán superar en el actual gobierno, pues te van a medir con la vara que has medido. Así, se genera dentro de los deberes comunicacionales, el mostrar gestión eficaz y eficiente en materia de crisis. Hay un empeño para marcar diferencia un “nosotros sí hacemos la pega”.

Pero para ello se requiere criterio, y acá es lo que faltó. Debe existir una coherencia entre el contexto (y sus emociones) con los elementos comunicacionales que se desarrollan. Empatizar, en tanto sintonizar emocionalmente con las audiencias (en tanto pueblo, hoy en día), es un pilar de la comunicación asertiva en crisis. Tomarse una selfie, como si de un paseo turístico se tratara en el contexto de una desgracia, es todo lo contrario a la asertividad requerida.

No hay contradicciones entre la empatía y ser una máquina de eficiencia pública, al contrario, comunicacionalmente se potencian, nada mejor que la cercanía. Pero si la espectacularización es tu habitualidad, es muy probable que no haya consciencia de algún error de desajuste, incluso uno grosero como el que ejemplifica esta reflexión.

Nietzsche ya lo expresó con claridad “no hay hechos, solo interpretaciones”, lo que se puede traducir en lo práctico de la posverdad —las cosas no son como son, sino lo que parecen ser—. Es nutrida la literatura y lo son los ejemplos de la construcción de escenarios para comunicar. Montar una estructura para ofrecer una realidad es una gran habilidad política, pero hay que hacerlo bien. De lo contrario lo que podría ser una oportunidad de fortalecimiento puede terminar debilitándote.

Esta foto es un ejemplo de lo que no hay que hacer, y menos cuando es una cualidad que dices tener y que otros carecen, porque la caída duplica su distancia.

Francisco Córdova Echeverría (Chile) es magíster en dirección y liderazgo para la gestión educativa. Diplomado en Filosofía, Sociedad y Cultura. Cirujano Dentista de la Universidad de Concepción. Actualmente estudiante de Ciencia Política y Sociología en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Ayudante en cátedras de Comunicación Política en facultades de Ciencia Política y Comunicación Social. Ha sido dirigente social y político en Chile. X: @FCordovaE / Instagram: @CordovaEstrategia

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