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Comunicación legislativa: estrategias y omisiones

Por Marcel Lhermitte

La comunicación parlamentaria es una de las áreas en las que mayores carencias encontramos a la hora de trabajar en comunicación política por la falta de sistematización en el conocimiento.

Si nos guiamos por las investigaciones realizadas por el Latinobarómetro año a año, y que se ratifican en el informe de 2021, los parlamentos no gozan de la confianza de los latinoamericanos. Al igual que los partidos políticos, los gobiernos y las democracias su reputación se encuentra en franco descenso.

La confianza existente en nuestra región sobre el congreso se encuentra en promedio en el 20%, siendo el uruguayo el que brinda mayores garantías a los ciudadanos (51%) y el peruano (7%) las menores. Si bien los problemas políticos no se solucionan con la comunicación, es notoria la mala gestión de la comunicación legislativa en el continente.

La comunicación parlamentaria es una de las áreas en las que mayores carencias encontramos a la hora de trabajar en comunicación política. Esto ocurre fundamentalmente porque no abunda el conocimiento sistematizado, es difícil acceder a bibliografía y, por lo general, no existe una gran apuesta a la formación en esta materia.

La planificación estratégica

Cada congresista y cada bancada parlamentaria es única, y por lo tanto se requerirá de una estrategia creada a la medida de sus necesidades, que deberá tomar en cuenta el sistema político, las particularidades de quienes lo componen, la idiosincrasia local, las características de los medios de comunicación, la coyuntura, etc.

Más allá de las notorias diferencias a nivel de los sistemas legislativos que existen entre los distintos países –que ratifica la necesidad de no presentar estrategias como modelos rígidos a seguir–, debemos entender que cada parlamentario que llega a una banca, por lo general, proviene de un partido o movimiento político que ya cuenta con una imagen, una identidad y una reputación institucional, que nos servirá como punto de partida de nuestro trabajo.

Se trata de hacer sinergia entre la comunicación del colectivo político y la de su bancada e integrantes de la misma. La ciudadanía debe poder interpretar en forma inmediata, cuando ve a nuestros legisladores, de dónde proviene, establecer que forma parte y existe una identidad común con el partido por el cual fue electo.

Dentro de la estrategia congresual debemos también diferenciar entre la comunicación de la bancada y la comunicación de cada representante. Las bancadas –conformadas por la totalidad de nuestros legisladores–, comunicarán como cuerpo, en colectivo; mientras que cada parlamentario que la integra debe seguir la estrategia grupal, pero contar con una planificación individual, con objetivos particulares.

Los legisladores, por lo general, no cuentan con la misma cobertura mediática que los integrantes del Poder Ejecutivo. No todos los medios de comunicación cuentan con equipos periodísticos en los congresos, lo que lleva a que el grado de conocimiento de nuestros representantes sean notoriamente menores a los que goza el presidente de la República y sus ministros.

Además, los congresistas muchas veces responden a una circunscripción local –más allá de que existen otros que son de carácter nacional– por lo que deben segmentar su comunicación para atender el público de la región por la cual fue electo para ocupar su cargo.

Cada parlamentario se ocupa de determinadas comisiones de trabajo, por lo que debe especializarse en temas puntuales y funcionar como un vocero ante la prensa y el sistema político en general, además de buscar constituirse en un referente especializado en el tema en cuestión.

En cuanto a las bancadas parlamentarias tienen la fortaleza del colectivo, por lo que son más atractivas para los medios de comunicación cuando toman acciones en forma institucional, lo que conlleva a que su mensaje sea más potente y, por lo general, más efectivo.

Al mismo tiempo, los grupos parlamentarios cuentan con otros públicos con los que deben comunicarse y que como colectivo son imprescindibles atender: el gobierno, el partido político y las bancadas legislativas adversarias, entre otros.

Es bastante habitual en América Latina que los legislativos no tengan canales de comunicación aceitados con los integrantes del Poder Ejecutivo, lo que lleva en ocasiones a que la sintonía no sea lo precisa que debería ser –fundamentalmente cuando se es oficialismo–, yendo la Presidencia de la República y los ministerios, por un lado, y por otro, los congresos.

Algo similar ocurre entre las bancadas y sus fuerzas políticas. No siempre estas últimas cuentan con la información necesaria para difundir los logros de sus legisladores o para defender sus posiciones ante la ciudadanía, debido a la falta de ámbitos de diálogo entre la bancada y el partido.

Pero también, dentro de la comunicación legislativa tenemos que tomar en cuenta otro público muy importante: las bancadas parlamentarias adversarias, con quienes debemos negociar leyes, posiciones políticas y muchas veces determinados apoyos en el pleno, por lo que es bueno contar con espacios de diálogo formales e informales con ellos.

Para gestionar y ejecutar la comunicación legislativa es importante contar con profesionales que puedan realizar la planificación estratégica de una bancada y de sus integrantes, además de llevarla a cabo. Básicamente se trata de instalar una unidad o gabinete que cuente con recursos humanos formados en prensa, diseño gráfico, publicidad, relaciones públicas, redes sociales, audiovisual, media training, etc.

No cabe duda que la mala reputación de los congresos latinoamericanos son un problema político, y es desde la misma política que se debe resolver, pero el desarrollar e implementar una política profesional de comunicación legislativa es una herramienta que ayudará no solo a mitigar esas dificultades, sino a fortalecer a los partidos y al mismo sistema democrático de nuestra región.

Marcel Lhermitte (Uruguay) es periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales. Ha sido consultor en campañas electorales en América Latina, el Caribe y Europa. Asesor de legisladores y gobiernos locales en Iberoamérica. Autor de los libros La Reestructura. La comunicación de gobierno en la primera presidencia de Tabaré Vázquez; La campaña del plebiscito de 1980. La victoria contra el miedo y Las elecciones internas de 1982. Los ecos del NO. Es coordinador del Diplomado de Comunicación Política de la Universidad Claeh en Uruguay. 

Twitter: @MLhermitte

Instagram: @marcel_lhermitte

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