Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre

Por Alexander Aldana

La MuniGuate administra más de 46 perfiles digitales y gestiona una imagen negativa del 71,3% de su alcalde. Su comunicación no resuelve las brechas de servicios: las administra, dosificando la presencia de Quiñonez para que exista sin que estorbe.

La comunicación institucional de la Municipalidad de Guatemala opera bajo una lógica de gestión de crisis permanente: en lugar de resolver las brechas entre la oferta de servicios y las necesidades de los vecinos, construye una narrativa que administra esa distancia sin cerrarla. Entre los problemas más visibles se encuentran el acceso al agua en zonas de la ciudad, la disponibilidad de transporte público y el tiempo de movilización, considerando que por la capital transitan 2,5 millones de personas, de las cuales 1,4 millones ingresan desde municipios colindantes, según estudios de la Universidad de San Carlos (2018).

Entender esa lógica requiere dimensionar el contexto en el que opera. El partido unionista ha gobernado la alcaldía capitalina desde 2003, tiempo suficiente para materializar la ciudad que concibe. Ricardo Quiñonez asumió en 2018, tras el deceso de Álvaro Arzú (alcalde por más de quince años), y fue reelecto para continuar con ese legado. Sin embargo, la gestión municipal en la última década ha priorizado la calidad de los servicios en las zonas donde se concentra su voto fiel, descuidando al resto, principalmente las zonas periféricas. A ello se suman escándalos por oquedades y desabastecimiento de agua en distintas colonias, así como la falta de transparencia en la construcción de pasos a desnivel: de los 33 que existen en la ciudad, la municipalidad desconoce qué empresa construyó cada uno (según reportó el medio digital Qorum en 2025), aunque socializa su avance e inauguraciones en redes sociales como logros propios. Este conjunto de factores se refleja directamente en la percepción ciudadana sobre la gestión capitalina.

En febrero, la encuestadora CB Global Data publicó un ranking de alcaldes capitalinos en Latinoamérica, ubicando a Ricardo Quiñonez en el puesto 16 de 18, por debajo de la alcaldesa de Caracas y apenas por encima de los alcaldes de La Paz y Asunción (CB Global Data, 2026). La encuesta, con margen de error del 3,1%, revela que la imagen positiva del alcalde alcanza apenas el 23,5%, frente a una imagen negativa del 71,3%, de la cual un 40,8% corresponde a una valoración muy negativa. El dato no es menor: más de cuatro de cada diez guatemaltecos encuestados tienen la peor opinión posible de quien lleva ocho años gobernando la capital.

El esfuerzo por mejorar la percepción ciudadana se materializa, entre otras acciones, en la gestión de una extensa red de comunicación digital. La Municipalidad de Guatemala administra más de 46 perfiles en TikTok, Facebook e Instagram, que suman en conjunto dos millones trescientos mil seguidores aproximadamente, considerando que pueden existir usuarios repetidos entre cuentas. La dimensión del alcance es significativa: solo cinco cuentas no superan los mil seguidores, mientras que la cuenta principal en Facebook concentra más de medio millón. Entre los perfiles se encuentran direcciones municipales, empresas de la municipalidad, alcaldías auxiliares, la vocera institucional y la cuenta personal del alcalde Quiñonez con sus perfiles secundarios. A estos se suman recientemente las cuentas de Aerómetro y CablevíaGT, creadas para posicionar el proyecto de aerobús y atender dudas sobre el servicio previsto para 2027.

Los productos comunicacionales de la municipalidad se orientan principalmente a informar sobre programas y actividades, mostrar avances de obras y proyectar una imagen de autoridades comprometidas con el servicio a los vecinos. Las cuentas mantienen una identidad visual uniforme y recurren a elementos consistentes: colaboradores en campo, rostros jóvenes y un lenguaje que oscila entre lo accesible y lo técnico según el tema. A ello se suma una gestión activa de la comunidad digital, con respuestas frecuentes a comentarios y consultas en las publicaciones. Esta coherencia estética y de tono no es casual: responde a una estrategia deliberada de construcción de imagen institucional que busca compensar, en el espacio digital, las brechas de percepción que los problemas estructurales de la ciudad generan en el espacio físico. Sin embargo, esa coherencia se tensiona cuando la municipalidad debe responder a cuestionamientos directos sobre su gestión.

El caso más reciente involucra al diputado por la ciudad Samuel Pérez, quien cuestionó públicamente el proceso de adjudicación del proyecto Aerómetro y su capacidad real para aliviar el tránsito en la ciudad. La respuesta no provino solo de las cuentas institucionales de la municipalidad sino también de las cuentas de la empresa desarrolladora del proyecto y su CEO, lo que revela una estrategia de distancia calculada: dejar que un actor privado absorba el debate sin comprometer únicamente la imagen municipal. Un caso distinto, aunque igualmente ilustrativo, es el de la tala de árboles derivada del desarrollo del proyecto, ante la cual las cuentas de la municipalidad y del servicio Aerómetro respondieron con la difusión de activaciones de reforestación, priorizando la acción simbólica sobre la rendición de cuentas respecto al daño causado.

La comunicación institucional de la municipalidad evita sistemáticamente los temas más controversiales: la crisis hídrica del departamento de Guatemala, los accidentes derivados de infraestructura inconclusa o sin señalización, y los escándalos por opacidad en contrataciones y adjudicaciones a empresas de familiares del partido que ha administrado la municipalidad son ejemplos de frentes que generan desgaste a la figura del alcalde pero que raramente son abordados de forma directa. Esta lógica de evasión trasciende lo institucional: durante las elecciones de 2023, el alcalde Quiñonez no se presentó a ningún debate público, lo que sugiere una estrategia comunicacional coherente que prioriza la visibilidad selectiva sobre la exposición a la rendición de cuentas.

Un dato revelador sobre la estrategia comunicacional es que las cuentas relacionadas con el tránsito, principalmente la Policía Municipal de Tránsito y la cuenta de su director, concentran más del 60% de las interacciones totales, debido a que son la fuente principal de información sobre alteraciones al flujo vehicular. Esto evidencia una paradoja: a pesar de la masividad del aparato comunicacional municipal y del esfuerzo por posicionar programas y proyectos, el contenido que mayor resonancia genera entre los usuarios es el que responde a una necesidad cotidiana e inmediata, no el que construye imagen institucional.

A diferencia de otros alcaldes del departamento, cuya comunicación gira principalmente en torno a su figura personal, el modelo de la MuniGuate invierte esa lógica: es la institución la que sostiene la imagen del alcalde, y no al contrario. Alcaldes como Neto Bran en Mixco, Sebastián Sierro en San José Pinula y Mynor Morales en San Miguel Petapa utilizan sus cuentas personales para visibilizar avances y acciones de su gestión de forma directa. En el caso de Ricardo Quiñonez, en cambio, son las redes de la municipalidad, sus dependencias y empresas municipales las que generan el grueso del contenido institucional, alimentando sus cuentas personales y secundarias solo de forma esporádica. La diferencia no es menor: mientras los otros alcaldes construyen marca personal, Quiñonez delega esa función en el aparato institucional, lo que le permite mantener distancia de los temas conflictivos mientras la municipalidad absorbe tanto los logros como las críticas.

Cabe preguntarse si la decisión de no centrar la comunicación en la figura del alcalde responde a una concepción institucional del liderazgo o, simplemente, a una estrategia para evitar el desgaste que su imagen ya genera. Los datos sugieren lo segundo: con una imagen negativa del 71,3% y una ausencia deliberada de los debates públicos en 2023, Ricardo Quiñonez es un activo comunicacional de alto riesgo. En ese contexto, delegar el protagonismo en la institución no es un gesto de sobriedad política, sino una forma de gestionar la exposición de una figura que, de aparecer con más frecuencia, profundizaría la crisis de percepción que la municipalidad busca administrar.

La comunicación de la MuniGuate parece haber encontrado, con mayor o menor conciencia, una fórmula de equilibrio: ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Exponer demasiado al alcalde Quiñonez, dado el peso de su imagen negativa, profundizaría la crisis de percepción que la municipalidad busca gestionar. Invisibilizarlo por completo, en cambio, vaciaría de autoridad una administración municipal que necesita una figura reconocible para sostener proyectos de la envergadura del Aerómetro, sobre todo en un contexto latinoamericano donde la personificación del liderazgo político es regla, no excepción. El resultado es una comunicación institucional que dosifica la presencia del alcalde lo suficiente como para que exista sin que estorbe.

Alexander Aldana (Guatemala) es estudiante de las licenciaturas en Comunicación y en Ciencia Política en la Universidad de San Carlos de Guatemala y comunicador político con experiencia en campañas electorales y política legislativa. Ha sido dirigente estudiantil y actualmente desarrolla investigación de licenciatura sobre el análisis de la comunicación institucional y la cultura política en Guatemala.

Compartir
Facebook
Twitter
LinkedIn
lo último

Mapa electoral

Haití es el único país de América Latina y el Caribe que ha convocado elecciones para este trimestre. La primera