Colombia 2026: entre la polarización y la gobernabilidad

Por Carlos Felipe Sarmiento Rojas

La elección presidencial de Colombia afianzó la tendencia de campañas basadas en contenido viral, registrando símbolos patrios y frases coloquiales de fácil recordación en el electorado, supliendo los debates en medios de comunicación centrados en los programas de gobierno.

Las pasadas elecciones que definieron al presidente de Colombia para el periodo 2026-20230, dieron como ganador al candidato de ultraderecha Aberlardo de la Espriella con una votación de 12.955.542, con un margen inferior al 1% frente a su adversario progresista, Iván Cepeda, quien obtuvo 12.708.712 adhesiones.

La campaña electoral se caracterizó por un lenguaje de señalamiento, la usencia de debates de los candidatos de cara a los electores y el uso de tecnología para a la generación de contenido que vislumbró un cambio frente a los procesos proselitistas de reuniones en plaza pública.

La llegada a la Casa de Nariño de Abelardo de Espriella con nacionalidad estadounidense, constituye un aliado que suma Estados Unidos en Latinoamérica, con la política exterior de Donald Trump, que se ha caracterizado por retomar las banderas pregonada por la Doctrina Monroe de 1823, en alineación a las necesidades geopolíticas vigentes.

En las primeras declaraciones del mandatario estadounidense después de conocidos los escrutinios, refirió que los candidatos que tienen su apoyo público han ganado, la aseveración tiene sustento derivado que este resultado, se suma al de países como Chile, Argentina, Honduras y Perú en donde se han elegido candidatos que tuvieron su respaldo.

La elección de Colombia plasma un desafío de gobernabilidad que supere los señalamientos e improperios que tuvieron lugar durante la campaña, por escenarios de diálogo y proposición que incluyan a todos los sectores políticos, étnicos, sociales y empresariales que busquen un tejido de unión priorizando sus similitudes.

La conformación del Congreso de la República resultado de las pasadas elecciones del mes de marzo de 2026, ubicaron como primera fuerza al progresismo, con 67 curules entre Senado y Cámara, lo cual vislumbra un capital político que será decisivo en su papel de oposición.

Durante la última década la oposición política ha tenido una incidencia en la opinión pública, la realizada por el Centro Democrática al gobierno de Juan Manuel Santos que produjo la derrota del plebiscito, la del progresismo a Iván Duque que incidió en la victoria de Gustavo Petro.

El panorama colombiano durante las pasadas cuatro elecciones ha mostrado virajes: en primer lugar, el apoyo hacia Juan Manuel Santos en su segundo mandato respaldando el proceso de paz, posteriormente la elección de Iván Duque apoyado por su antagonista Álvaro Uribe, quien desaceleró la implementación del acuerdo paz, para el cuatrienio de 2022 a 2026, la victoria de Gustavo Petro bajo las banderas del progresismo y su compromiso con la implementación de lo acordado y la reciente elección de Abelardo de la Espriella,  quien prometió desmantelar elementos claves del acuerdo de paz como la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz) y propuestas polémicas como la construcción de megacárceles.

Estos hechos que en apariencia son contradictorios al mirarse de manera más detallada reflejan las dos posiciones políticas latentes en el país, las cuales han logrado alternarse de manera democrática el poder. Esto ha demostrado la vigencia y fortaleza de las instituciones colombianas.

La elección presidencial de 2026 en Colombia tuvo una participación ciudadana   récord histórica del 63,59%, la más concurrida desde la promulgación de la Constitución Política de 1991, las cuales pese al aumento de la participación aún está distante de un porcentaje cercano al 100%, como suele ocurrir en sistemas democráticos que tienen reglamentado el voto obligatorio, como es el caso de Uruguay.

El nuevo gobierno tendrá como desafío principal responder a esa votación logrando una gobernabilidad robusta que priorice el diálogo tanto de sus simpatizantes como de sus opositores, garantizando los derechos de manera igualitaria sin ninguna distinción política, que merme las prevenciones que ha generado el presidente electo al proponer considerar el retiro de Colombia, tanto  de la Organización de las Naciones Unidas (ONU),  así como Organización Estados Americanos  (OEA) y del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, mecanismos que han sido fundamentales ante las violaciones de derechos humanos.

Carlos Felipe Sarmiento Rojas (Colombia) es PhD. Human Rights. Universidad Autónoma de Tlaxcala. Experto senior en Derechos Humanos para la Cooperación Alemana al Desarrollo Sustentable. Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Grupo de Investigación de Teoría y Filosofía Política (UACM). Instagram: @Felisarmiento / X: @ FeliSarmiento

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