Diversidad, equidad e inclusión: El daño de los estándares de la belleza 

Por Franca Roibal Fernández

Los medios de comunicación, así como también los medios sociales, marcan muchas de las pautas en cuanto a los estándares de lo que se considera “belleza”. Estos estándares son eurocéntricos, racistas, machistas y homofóbicos. También, hasta cuando vemos representación más o menos diversa, estos estándares siguen siendo gordofóbicos. La gente pasa cada vez más tiempo consumiendo medios convencionales gracias a una especie de nueva globalización frecuentemente atribuida a Netflix (aunque esta plataforma se volvió una especie de metáfora para todos los medios convencionales). 

En el ámbito de la raza, cuando vemos “representación diversa” casi siempre se trata de personas negras, pero de piel clara, con cuerpos flacos si son mujeres; atléticos y fuertes si son hombres, con el pelo estilizado como de peluquería. En el ámbito del género, si hay representación, siempre son personas tradicionales y estereotípicamente homosexual, también con cuerpos “perfectos”. Y casi nunca se ve representación en tamaño de cuerpo. Y si existe, es una persona gorda que sirve como alivio cómico. Hay activistas que están haciendo el trabajo de educar al público para minimizar este problema. No se trata de “glorificar,” simplemente de incluir. Las personas con cuerpos grandes existen. Las personas no binarias, negros de piel oscura, con diferentes niveles de habilidades físicas y mentales, también. Pero si miramos los medios convencionales, no se ven representados. 

Los medios sociales hacen más accesible estos estereotipos. Los que llegan a ser influencers viven vidas según lo que creen que está de moda basado en Hollywood y Netflix. Las personas “comunes” ven videos de personas que se consideran “normales”, pero llegan a ser influencers, y se miden según las pautas que ponen estos últimos. Mientras tanto, hay muchísimo uso de filtros y photoshop que no sabemos en realidad cómo es esa persona en realidad. Todo esto nos lleva a siempre estar comparándonos con ideales que en realidad no existen o son falsos. 

A todo esto, ¿qué es la gordofobia? Este término está en uso en ciertos círculos de la justicia social para describir una de las formas de discriminación más socialmente aceptable: la discriminación en base al tamaño de una persona. La interseccionalidad es la teoría que relaciona los niveles de opresión que se cruzan para crear situaciones únicas y personalizadas, para considerar que las personas que pertenecen a varias categorías de marginalización sufren de una manera diferente, precisamente debido a esos niveles. Una de las categorías de opresión que frecuentemente se ignora es el tamaño del cuerpo. 

Cuando juzgamos a una persona gorda, muchas veces hacemos de cuenta que es por un asunto de salud, pero en realidad muchos de nosotros tenemos gordofobia internalizada, que asocia la gordura con la falta de salud y la delgadez con ser saludable. La verdad es que el tamaño de una persona no tiene relación con la salud en la mayoría de los casos. Por ejemplo, una persona grande de cuerpo puede tener la salud perfecta (en cuanto a lo que consideramos saludable como glucosa en la sangre, presión, etc.), y una persona flaca puede tener presión y glucosa alta, pero solo una de ellas va a ser marginalizada por esto. 

Cuando una persona “flaca” come comida que juzgamos como “no saludable,” pocas veces vemos la crítica que se le lanza a una persona que consideramos “gorda” comiendo lo mismo. Pero no tenemos los mismos prejuicios cuando hablamos, por ejemplo, de fumar cigarrillos o tomar alcohol. 

A pesar de que este asunto pueda parecer superficial, la gordofobia en la medicina está causando que la gente gorda no reciba el mismo cuidado que los no considerados gordos. Por ejemplo, en muchos ámbitos médicos, cualquier queja que tenga una persona gorda se le atribuye al peso, a pesar de que no tenga nada que ver. De esta forma se ignoran las preocupaciones de estos pacientes que, si estas dolencias fueran detectadas a tiempo, incluso podrían hasta salvarse vidas. 

En la política, la gordofobia afecta mucho las interacciones con candidatos y elecciones, especialmente en el momento en el que tenemos más acceso que nunca a imágenes y videos de los políticos. En muchos casos las campañas se convierten en concursos de “belleza”. A los políticos que no se prestan a participar en estos estándares se los burla, se convierten en memes y el diálogo se aleja del contenido político y se vuelve en una conversación sobre quién es el más lindo. 

Cuando pensamos en la accesibilidad a recursos, hay muchos obstáculos para las personas más marginalizadas. Vale la pena cuestionar nuestra gordofobia internalizada en cuanto a cómo se relaciona con los estándares de “belleza” si queremos practicar auténticamente la diversidad, la equidad, y la inclusión.

Franca Roibal Fernández (Argentina – Uruguay) es profesora e investigadora de Estudios Latinoamericanos y Lengua Española. Consultora de diversidad, equidad e inclusión en Pennsylvania y New Jersey, Estados Unidos. Recibió su Ph.D. de Boston University. Sus áreas de enfoque son literatura, cine, música, cultura popular latinoamericana (carnaval, fútbol) con una especialización en el Cono Sur y dictaduras. Tiene un enfoque transdisciplinario, descolonizante e interseccional en antiimperialismo y antirracismo. 

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