Amanece Honduras: ¿Qué viene después de la dictadura?

Por Russel Garay

El 28 de noviembre la izquierda hondureña, cuya expresión electoral es el Partido Libertad y Refundación (Libre), tuvo su primer triunfo. La victoria fue contundente: Xiomara Castro de Zelaya se convirtió en la primera presidenta de Honduras, obtuvo mayoría en el Congreso Nacional y ganó las alcaldías de las principales ciudades del país. La toma del poder será casi absoluta al tener el próximo Congreso la facultad de elegir la nueva Corte Suprema de Justicia y al fiscal general de la República. Tomando el poder la pregunta que persiste es, ¿qué haremos con él? 

La pasada campaña de Libre fue, por mucho, la más atrevida desde el golpe de Estado de 2009 en donde el presidente y ahora coordinador general del partido, Manuel Zelaya Rosales, fue destituido. En la última asamblea del colectivo, en junio de este año, se reformaron sus estatutos para proclamarse: “Revolucionario, democrático, feminista, socialista, anticapitalista, antiimperialista y de izquierda”. De igual manera, como inició de campaña, la candidata presentó su plan de gobierno que incluía el llamado a conformar una asamblea nacional constituyente, abrir relaciones diplomáticas con China continental, ejecutar una reforma agraria para la eliminación de los latifundios, la eliminación de los monopolios, la despenalización del aborto por las tres causales y la construcción de modelo económico alternativo y socialista. Esta campaña radical fue el resultado de al menos dos factores: las formas organizativas del adversario y el ascenso de la generación de los hijos e hijas del golpe de Estado a espacios claves de la campaña. 

El Partido Nacional se ha consolidado como la peor expresión de la política hondureña. Un ente plagado de corrupción, representante de las consignas más conservadoras de la sociedad y vinculado con el narcotráfico en todos sus niveles. Desde el golpe de Estado, el Partido Nacional suscribió acuerdos con las élites económicas, militares y religiosas para controlar cada uno de los aparatos del Estado. Se erosionó cualquier rastro de institucionalidad estatal, se cometieron los actos de corrupción más escandalosos del siglo, se extraditaron a Estados Unidos por actos de narcotráfico a muchos integrantes del gobierno incluyendo al hermano del presidente Juan Orlando Hernández y se comenzó la venta del territorio nacional en pedazos con las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico. A tal grado había llegado la degradación de la figura del Partido Nacional que el eslogan de campaña de la presidencia era “Papi es diferente” (haciendo referencia a Nasry Asfura, popularmente conocido como Papi a la orden). 

Por otro lado, la generación del golpe de Estado se había templado y ocupó espacio de la campaña. Así como el golpe de Estado sirvió para radicalizar a la derecha, así pasó con la izquierda. Previo al golpe, la izquierda estaba relegada de la arena pública. Habiendo sufrido las persecuciones por parte del Estado en las décadas de los 80 y 90 se había desvanecido dejando una brecha generacional sentida. Con la resistencia al golpe también tuvieron realce los movimientos sociales y populares que asumieron la punta de la lanza y formaron a la generación. Estos cuadros intermedios sufrieron en doce años dos fraudes electorales, persecución y represión. El acumulado de capital político de esta generación le permitió insertarse en los espacios de toma de decisiones e influir en la dirección de campaña hacia su radicalidad. 

Decir que las expectativas hacia este gobierno son altas sería una reducción grosera. La gente no solo espera que se sanee el aparato público de su corrupción extrema, narcotráfico y sus formas clientelistas. El 75% de la gente pobre espera que el gobierno solucione el problema del hambre y la falta de acceso a la salud y la educación. La gente no quiere reformas, quiere revolución y ha dado todos los poderes del Estado a un partido que prometió refundación y la legitimidad de tener el 52% de los votos de la elección. 

Libre hereda un país con complejidades enormes. Tiene enemigos manifiestos en los grupos oligárquicos y los intereses geopolíticos de Estados Unidos, que construye la embajada más grande de la región valorada en 700 millones de dólares a pocos kilómetros de la Casa Presidencial. Sumado a estos retos se suman los vicios tradicionales de organización de un partido expresados en el oportunismo, falta de disciplina y una deuda social en la militancia enorme. 

Desde el inicio de la campaña Libre tenía claro que el pueblo no merece improvisación por lo que se convirtió en el único partido político de la contienda en presentar su plan de gobierno de manera abierta. Ahora lo que falta es materializar estas propuestas con el coraje para tomar las riendas del futuro que le ha otorgado la población. Enfrentarse con un país capturado. Sin excusas, sin excepciones. 

Russel Garay (Honduras) es licenciado en Derecho con una especialidad en investigación científica y Máster en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford. Asesor en organismos nacionales e internacionales en investigación científica, seguridad ciudadana, migración, lucha anticorrupción, evaluación de políticas públicas y planificación. Docente universitario en administración pública, geopolítica, política social, filosofía política y ciencias políticas. Milita en el partido Libre desde su fundación. Trabajó en la coordinación del Plan de Gobierno para la campaña presidencial de 2017 y 2021. Forma parte del equipo coordinador de campaña presidencial y municipal. 
Twitter: @Russel_garay
Instagram: @russel_garay

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