Chile: el regreso del miedo y el fin de una nueva esperanza

Por Francisco Grandón

Tras el alzamiento ciudadano contra las desigualdades sociales y económicas durante el 18 de octubre de 2019, el 15 de noviembre del mismo año, y tras semanas de convocatorias y protestas en diferentes ciudades de Chile, se firmó el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución que involucró a diferentes actores del espectro político chileno, en el cual también participaría el actual presidente Gabriel Boric Font, en su momento diputado de la nación.

Este acuerdo tenía como fin el comienzo de un proceso constituyente único en el país en el cual se plantearía la opción de levantar o no un proceso constituyente y, en caso de ser favorable, qué órgano sería el encargado de redactar la propuesta de carta magna. Tras el acuerdo las movilizaciones ciudadanas decayeron y la gran mayoría de los esfuerzos estuvieron enfocados en el correcto proceso plebiscitario.

Cuando el plebiscito se llevó a cabo quienes querían una Nueva Constitución obtuvieron un 78,28%, contra un 21,72% de quienes se negaban. Mientras que el órgano elegido por la ciudadanía para que se hiciera cargo de la redacción fue la Convención Constituyente, la cual sería votada a través de sufragio popular, de manera similar a cómo se elige el actual parlamento chileno.

Luego de la elección de los convencionales constituyentes, quienes se vieron más castigados con el voto popular fueron aquellos representantes de la derecha tradicional chilena, los que representaron menos de los dos tercios del total de la convención, cifra relevante que los transformó en meros espectadores del proceso, pues las normas a discutir y votar en el pleno debían contar con la aprobación de esta cantidad de convencionales. Esta escuálida importancia en la discusión de la propuesta constituyente les llevó también un beneficio que sería aprovechado de buena manera desde el día uno que inició su labor.

La Convención Constituyente inició sus tareas el 4 de julio de 2021 y finalizó con la presentación y entrega de la propuesta constitucional al presidente Boric, el 4 de julio de 2022.

El proceso, en su totalidad, no estuvo exento de polémicas. Es más, desde el primer día hubo conflictos relativos a valores patrios como la bandera y el himno nacional, además de faltas de respeto a quienes llevaron la organización de la ceremonia inaugural, manifestaciones e interrupciones de la misma por algunos convencionales independientes.

Estas controversias continuaron acompañando el qué hacer de la convención, haciendo mella en su reputación y perjudicando el debate que día a día se llevaba a cabo en los hemiciclos de las diferentes comisiones. Mientras convencionales más conservadores trataban de sabotear lo que se desarrollaba, otros menos dialogantes intentaron llevar la discusión a límites que ni la misma sociedad apoyaba. Esto influyó de manera relevante para desvalidar por completo el texto que sería presentado en julio de 2022, entre tantos otros conflictos y discusiones que se extendieron durante un año.

El 4 de septiembre se puso a prueba la propuesta elaborada por la Convención Constituyente a través de un referéndum de carácter obligatorio para todos los ciudadanos mayores de 18 años. El documento terminaría siendo rechazado por 61,89% de los habilitados para votar. Un 38,11% aprobaría la propuesta.

Previo a las votaciones del 4 de septiembre se habilitó un proceso propagandístico que duraría alrededor de dos meses y en el cual las diferentes organizaciones políticas y de la sociedad civil buscarían el apoyo ciudadano.

Mientras que para quienes apoyaban la opción del “apruebo” la campaña electoral dio inicio una vez entregada la propuesta, aquellos que rechazaban el texto, comenzaron desde el primer minuto que la Convención Constituyente emprendía su labor. El papel de marginados, cancelados y defensores de los valores patrióticos les bastó para socavar la discusión política y llevarla al plano de la emocionalidad. Esto significó que aquellos que iban por el Apruebo comenzaran su campaña con un año de diferencia y con clara desventaja.

La relación directa de la percepción de la opinión pública con los gobiernos de turno en el país fue trascendental para la valoración de la misma Convención Constituyente y posterior propuesta. Mientras la iniciativa gozó de gran apoyo durante el gobierno de Sebastián Piñera, quien sufría de amplio rechazo ciudadano, durante la presidencia de Boric comenzó a decaer aún más en su apoyo, creciendo un poco más durante días previos a la elección.

El vínculo fue directo, en cuanto las políticas públicas de uno u otro mandatorio sufrían reveses, así como ministros y representantes de coaliciones políticas cometían errores con cobertura medial, también lo hacían las opciones que indirectamente apoyaban.

El texto esbozado en la propuesta dejó de ser protagonista, solo las tergiversaciones y comprensión del mismo fue lo relevante. En tanto, un grupo de aquellos que buscaban la aprobación cayeron en minimalismos individualistas respecto a la discusión, además del exceso de academicismo en la explicación que terminó por socavar la brecha entre la ciudadanía y estos. En la vereda del frente optaron por elementos relacionados a la posverdad e información falsa respecto a lo trabajado en la propuesta.

Las emociones se tomaron el centro de la discusión para la ciudadanía. Las sensaciones e interpretaciones que diferentes artículos generaban en la gente comenzó a ser fundamental para las percepciones del común. Aquellos conservadores inclinados por la opción negativa lo comprendieron y desplazaron el texto hasta tal punto de transformarlo en la mente de las personas, posicionando una imagen alejada de la realidad, pero que a fin de cuentas se arraigó en el inconsciente social de la mayoría de quienes se dirigieron a las urnas. Las palabras escritas en la propuesta constitucional no fueron nada ante el peso de las ideas.

Las campañas iniciaron con claras diferencias y el contexto social, económico y político fue fundamental para trazar los principales elementos estratégicos bajos los cuales se desarrollarían los despliegues territoriales y comunicacionales.

Ante un clima económico adverso por la inflación y sensación de poca seguridad e incluso terrorismo en algunas zonas del país, los partidarios del apruebo no hicieron más que extender una campaña de 2020 completamente ajena a las condiciones actuales de Chile. Errores de conceptos, comunicacionales, discursivos y la misma puesta en escena en medios masivos perjudicó aún más una opción que no crecía lo necesario para obtener el triunfo. Apostaron mediáticamente por elementos que los chilenos en su mayoría les eran ajenos y no supieron bajar discursivamente aquellos que sí lo eran.

Los protagonistas de su franja fueron aquellos que en la mente de las personas eran los causantes de la falta de seguridad. Participaron personas que en el imaginario de los electores no hacían más que pervertir a sus hijos. Ante un electorado que tenía tendencia hacia el conservadurismo, elementos como paridad, Estado subsidiario, plurinacionalidad, y otros conceptos tergiversados por quienes eran contrarios al nuevo proyecto constitucional, no eran relevantes y podían llevar al abismo al país. Conceptos de futuro fueron excesivamente complejos para la comprensión de la ciudadanía y no parecían solucionar problemas actuales. El futuro no era definitorio en esta elección como sí lo era el presente. Por mucha idealización que se tenga en el proceso de desarrollo de una estrategia electoral, se debe poner los pies en la tierra y comprender el contexto y al electorado al cual se dirigirá.

Los partidarios del rechazo, en tanto, dieron justo en el clavo con los elementos a enfatizar. Comprendieron el contexto durante el cual se estaba llevando la campaña y se desarrollarían las elecciones. Las oportunidades económicas de los chilenos se veían afectadas por la inflación y atacaron el acceso a la vivienda. La falta de seguridad estaba más presente que nunca y fueron resaltados los hechos de violencia y el aumento de la delincuencia. La expropiación de las pensiones por parte del Estado y el miedo a que estas se perdieran o robaran también fue acrecentado. Esta es solo una muestra de conceptos que fueron relevados y apoyados por el miedo para desvalidar un texto que fue alabado en diferentes partes del mundo por lo progresista y su visión de futuro. Cabe destacar que las afirmaciones levantadas por esta visión más conservadora carecían de todo sustento y eran completamente falsas.

Se hizo imposible comprender la magnitud de las olas de mentiras que romperían con el proceso constituyente. Convencionales y representantes del rechazo participaban de entrevistas, debates en televisión y radios, foros de discusión y otros directamente con la ciudadanía donde mentían y no eran contradecidos, a pesar de lo descarado de las falacias emitidas. El rol de los medios de comunicación ante la verdad careció de relevancia en Chile y aquellos otros de carácter tradicional fueron bastante tibios para condenar aquello. Personajes que mentían eran invitados frecuentes en paneles televisivos donde solo el rating y el ser trending topic en redes sociales importaba. No hubo capacidad de contrarrestar esta ola de mentiras por parte de quienes apoyaban el apruebo y los medios fueron meros testigos y amplificadores de calumnias y mentiras que perjudicaron el debate.

En elecciones previas se alababa la capacidad de quienes menos recursos poseían para obtener triunfos tan potentes contra aquellos que manejaban el poder económico. Esta vez el financiamiento fue desproporcional y terminó inclinando la balanza en relación a la presencia territorial, en radios y redes sociales. Un golpe de realidad necesario. La opción rechazo concitó el 78,8% de los aportes con $2.023.789.385, mientras que el apruebo el 21,2% con $545.659.958, de acuerdo a cifras entregadas por el Servicio Electoral de Chile.

La disputa que se dio en términos estratégicos electorales no hace más que volver a aquel clivaje que, quizás más popularmente, definió la elección presidencial: esperanza versus miedo, y como el primero terminó, supuestamente, sobreponiéndose al último. La vuelta a esta conceptualización revive aquella tesis y apuesta por una poca comprensión del clivaje real bajo el cual se dispuso la elección tanto presidencial como del referéndum de salida, que la esperanza no se impuso al miedo, sino que fue el miedo quien disputó ante sí mismo una batalla ideológica bajo la cual cada elemento se erigía.

El miedo es un sentimiento fuerte que moviliza mayoritariamente a las personas de todo el mundo. Este fue el responsable de levantar a las personas a votar en aquella recordada elección presidencial que decretó a Boric como Presidente de Chile. El miedo al conservadurismo y al fascismo, representado en la opción de José Antonio Kast, produjo una catarsis ciudadana, una especie de alzamiento y pronunciamiento popular democrático ante estas ideas que tanto daño hicieron al país durante la dictadura.

Para el plebiscito constituyente, el miedo fue capitalizado de gran manera por los detractores del Apruebo, penetrando y dispersando raíces fuertes en el subconsciente de los chilenos. La esperanza había quedado atrás, fue desplazada como factor movilizador, y la situación país lo reflejaba. Desde la perspectiva ideológica el miedo fue reforzado fuertemente y construyó bases cognitivas sólidas para crecer y consolidarse en una opción clara. Así como tradicionalmente se habla del concepto cambio y como quien se posiciona y asocia directamente a este tiene mayor capacidad de obtener mejores resultados, en estos tiempos el miedo parece ser el elemento fundamental bajo los cuales se están construyendo las estratagemas electorales, pero la diferencia se basa en el revestimiento ideológico bajo el cual este se presenta a la ciudadanía. Las elecciones en Chile, en estos últimos años, han dado muestra de aquello.

Lo que le depara al país ahora en materia constituyente es bastante incierto. Si bien la modificación constitucional para llevar a cabo el plebiscito establece que de no aprobarse una nueva Constitución se mantendría la vigente, desde diferentes partidos y organizaciones políticas y civiles han dado muestras de levantar un nuevo proceso.

El Ejecutivo ha sido claro: desea continuar el proceso constituyente levantado por la ciudadanía en 2019. Durante las campañas electorales aquellos que rechazaban lo hicieron bajo el estandarte de crear una mejor propuesta constitucional que la presentada por la Convención Constituyente.

Las dudas ahora quedan respecto a la voluntad real de la clase política para llevar a cabo un nuevo proceso y bajo qué herramienta se escribirá este borrador. El cómo, cuándo, quiénes y el por qué son las principales interrogantes y todo parece quedar en un discurso del cual nadie quiere hacerse responsable de poner en la práctica. La iniciativa, tras los resultados del 4 de septiembre, está en las manos de los políticos que tanto rechazo generan en la ciudadanía. El voto popular finalmente validó que decidan aquellos de los que tanto desconfían. Entre cuatro paredes, con acuerdos en secreto y beneficiando a los mismos que han profitado del aparato estatal durante tanto tiempo.

Si alguien se pregunta si se pueden generar las condiciones para un nuevo levantamiento popular, estas parecen improbables y la ciudadanía parece estar hastiada de la representación democrática a través de la participación en elecciones en un período tan corto de tiempo.

Aquella incertidumbre que parecía haber encontrado respuestas en el proceso constituyente para dar certezas a un país que tambaleaba ante la amenaza sanitaria y económica por la COVID-19, parece volver con más fuerza ante los ojos impávidos de la ciudadanía y en manos de aquellos que creen en la construcción de un país fundado bajo el pilar de una carta fundamental creada y firmada con sangre durante la dictadura militar.

Francisco Grandón (Chile) es relacionador público y máster en Comunicación Creativa y Estratégica. Se desempeña como consultor en comunicación política y campañas electorales, especializándose en el proceso de elaboración, construcción y desarrollo de la estrategia. Ha participado en elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales en Chile.

Twitter: @fgrandong

Instagram: @fc.grandon

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