Violencias en La Araucanía (¿Chile?)

Por Jamadier Esteban Uribe Muñoz

En Chile, cada cierto tiempo, el conflicto entre el Estado y el pueblo-nación Mapuche –por los territorios ancestrales de este último– se toma la agenda política con escaladas de violencia. Expresión de un conflicto de larga data, que no ha podido ser resuelto y que, sin embargo, tiene hitos que vale puntualizar.

La zona en conflicto ha sido georreferenciada como “Macrozona Sur”, y comprende las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, siendo los focos de mayor intensidad, el sur de la región del Biobío y La Araucanía, sobre todo en los sectores rurales en que viven las comunidades mapuche, donde se asientan también las más importantes faenas forestales.

A primera vista la Macrozona y en particular el pueblo mapuche enfrenta problemas relevantes para su desarrollo. En 2019 el BID informó que la inversión pública es tres veces menor en el mundo indígena y según la encuesta CASEN de 2020 el nivel de ingresos en La Araucanía es un 30% inferior al promedio nacional, mientras que en 2016 las orientaciones técnicas del Ministerio de Salud mostraron la elevada tasa de suicidio y depresión en población indígena.

Tipos de violencia

A lo anterior, se suman diferentes tipos de violencia que es preciso diferenciar. La más reciente es la violencia ligada al narcotráfico, la que según el Informe 2020 del Observatorio del Narcotráfico de la Fiscalía, ha ido en aumento en todo Chile, no solo en la Macrozona Sur. Sin embargo, no se puede negar que el conflicto histórico de fondo genera un terreno fértil para ella en los sectores en que no hay, ni control comunitario mapuche, ni presencia institucional chilena.

Un segundo tipo de violencia es la violencia reivindicativa, que llevan adelante distintos grupos mapuche, cuyo objetivo es restaurar el control territorial de las comunidades. En esta se observan distintos tipos de maniobras, algunas realizadas por comunidades completas que recuperan fundos o haciendas que consideran legítimamente propias, como es el caso de la comunidad de Temucuicui, y otras, por orgánicas específicas, no siempre articuladas entre sí.

De este último tipo son las actividades de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), que reivindica maniobras de sabotaje a la maquinaria de las grandes empresas forestales que están en territorio mapuche y otras organizaciones menores, cuyas maniobras están dirigidas también a blancos de la sociedad civil, como iglesias evangélicas e instalaciones turísticas, aunque muy raramente contra la integridad física de las personas.

Y, finalmente, un tercer tipo de violencia: la violencia estatal, ejercida sobre la población mapuche en pie de reivindicación, que va desde, primero, la custodia policial permanente de las faenas forestales en las que –según un oficio de 2015 del entonces senador Alejandro Navarro el Estado invirtió en un solo año y solo en la provincia de Arauco (geográficamente menor en relación a toda la Macrozona) casi 2 millones de dólares; segundo, la persecución fraudulenta de líderes políticos y activistas, como los fue la bullada Operación Huracán y el más reciente homicidio del comunero Camilo Catrillanca; hasta, tercero, el ataque abierto a población civil, último caso en que resulta paradigmático el bombardeo con gases lacrimógenos a un jardín infantil en 2015, como consta en los recursos judiciales presentados por el Instituto Nacional de Derechos Humanos.

Todas ellas son violencias que, en todo caso, están muy lejos de asemejarse a las vividas en conflictos como el que hasta hace poco azotó a Colombia, tanto por el escaso poder de fuego desplegado por las partes, como por la profunda raigambre comunitaria de las orgánicas de reivindicación. Pero ¿en qué momento de la historia se origina el conflicto? ¿Cuándo comenzó el actual ciclo de violencia? La Macrozona Sur es un territorio complejo y es necesario analizar la estructura histórica de la disputa geopolítica, de la que –sin duda– todas las violencias son derivadas.

Principales hitos de los territorios en conflicto

La nación mapuche comenzó a desarrollarse en el Valle Central de Chile en el arcaico tardío (5.000 – 3.000 AP) desde donde se irradian sus distintas identidades territoriales, como la pikunche y la williche (Trivero, 2018). Esta aseveración sería en rigor innecesaria, de no ser porque hace algunos años comenzó a difundirse la retorcida teoría del parapsicólogo Oscar Fonck publicada en 1981, que plantea que los mapuche descenderían de los apache y que habrían llegado a Chile desde Argentina, ambas afirmaciones carentes de todo juicio.

Si seguimos a José Bengoa (1996), historiador canónico del pueblo mapuche, a la llegada de los españoles se podía encontrar población mapuche desde la actual región de Coquimbo a la región de Los Lagos. Tras una guerra que duró 91 años, en el Parlamento de Quilín de 1641, se fijó los límites del país mapuche entre los ríos Biobío y Toltén que corresponde a los actuales territorios de las regiones del Biobío y La Araucanía.

Tras las guerras de independencia el naciente estado de Chile respetó dichos límites, aunque siempre hubo roces en la frontera, hasta que en 1860 comienza un despliegue militar sistemático que derivó en una guerra de exterminio entre 1869 y 1883. El territorio mapuche fue declarado fiscal y rematado a chilenos y extranjeros. A los mapuche se les reubicó en “reducciones”, las que además fueron sistemáticamente usurpadas. De esta manera, según Meza-Lopehandía (2015) nacen las “tierras antiguas” (territorio hasta 1860) y las “tierras usurpadas” (trazado original de reducciones).

El conflicto por la usurpación es de larga data y está vigente hasta hoy, sin embargo entre 1970 y 1973 se da un hecho importante. El gobierno de Salvador Allende devolvió 132 mil hectáreas, conocidas como “tierras recuperadas”, las que fueron nuevamente arrebatadas durante la contrarreforma de la dictadura (1973-1989), cuestión fundamental para entender el actual ciclo de violencia.

El ciclo de violencia actual

El conflicto de las tierras recuperadas podría ser anecdótico si no se toma en cuenta la reciente investigación de Jaimovich y Toledo-Concha (2020), que revela que los predios con mayor probabilidad de ser objeto de actos reivindicativos son los que fueron cedidos al pueblo mapuche y luego entregados, por la dictadura, a las forestales.

El antecedente es importante, pues evidencia que a pesar de que la reivindicación histórica del pueblo mapuche comprende tierras antiguas y tierras usurpadas, es sobre las tierras recuperadas que se ejercen las maniobras más violentas. Si se quiere explicar el conflicto es necesario retroceder 150 años, pero si se quiere explicar la violencia, bastará con retroceder algunas décadas.

De hecho, fue sobre tierras recuperadas que se llevó a cabo la primera ocupación de terrenos en 1991, por el Consejo de Todas las Tierras y ha sido también en tierras recuperadas donde carabineros ha perpetrado los homicidios de Lemun en 2002 (Fundo Chiguaigue) y de Catrillanca en 2018 (Fundo Alaska).

En síntesis, el conflicto entre Chile y el pueblo-nación Mapuche es geopolítico; de administración del territorio, originado en la invasión chilena al país Mapuche, con un ciclo de violencia actual que se estructura y explica, en buena medida, por los efectos de la contrarreforma agraria en favor de latifundios, sobre todo de carácter forestal.

Bibliografía

Bengoa, J. (1996). Historia del pueblo Mapuche. Ediciones Sur.

Jaimovich, D. y Toledo-Concha, F. (2020). The grievances of a failed reform: Chilean land reform and conflict with indigenous communities. MPRA https://mpra.ub.uni-muenchen.de/109136/

Meza-Lopehandía, M. (2015). Antecedentes históricos del conflicto étnico/territorial en el sur de Chile. Biblioteca del Congreso Nacional.

Trivero, A. (2018). Horizonte cultural Mapuche. Ñuke Mapuförlaget.

Jamadier Esteban Uribe Muñoz (Chile) es psicólogo y analista político, Dr. © en Psicología por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Dr. © en Historia por la Universidad Nacional de La Plata, con formación de posgrado en Guerra Psicológica. Se ha desempeñado como docente universitario en las cátedras de Antropología y Psicología Social en la PUCV, como asesor del Senado de la República de Chile entre 2014 y 2022. Autor de diversos artículos académicos y del libro Identidad, Enajenación y Cultura.

Correo electrónico: jaes.urmu@gmail.com

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