Xiomara Castro: Un parteaguas en la historia de Honduras

Por Victoria Ochoa

El triunfo electoral de la primera presidenta de Honduras es un hito que rompe con la cultura patriarcal en la política, con el bipartidismo bicentenario y con la narcodictadura en el país. Sin embargo, la injusticia simbólica persiste en los discursos hegemónicos. Para contrarrestarlos, es necesario repasar la historia de la participación política de las mujeres en Honduras y el Plan de Gobierno.

La contundente victoria de Xiomara Castro en las elecciones de noviembre de 2021 en Honduras fue el desenlace de una acción ciudadana en la cual confluyeron sentimientos de hartazgo por los últimos años, a la vez que esperanza de un cambio. Seis meses adentrada en su administración, la primera presidenta de Honduras representa un cambio positivo para el país con un 66,7% de aprobación en el Sondeo de Opinión Pública 2022[1] realizado por el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC). Sin embargo, el 44,4% de la población consultada considera que está siendo manipulada y, de ese porcentaje, el 60,6% señala que es manipulada por Manuel Zelaya, expresidente de la República y esposo de la mandataria. Esta no es una opinión aislada, sino una que se repite en los discursos de la oposición, así como en los medios de comunicación más difundidos que sirvieron al gobierno anterior. Este tipo de injusticia cultural o simbólica[2], está arraigada en las formas de representación, interpretación y comunicación de la sociedad.

Para desafiar la cultura machista tras estas opiniones, haré un breve repaso por la historia de la participación política de las mujeres en Honduras y resaltaré algunos elementos del “Plan de gobierno para refundar Honduras 2022-2026” de la presidenta Castro, para verter luz sobre las acciones del gobierno y las reivindicaciones de la ciudadanía que ha sido más afectada por, al menos, doce años de dictadura después del golpe de Estado de 2009, si no es que 200 años desde la fundación de la República o hasta 500 años desde la invasión a los pueblos que habitaban estas tierras y que todavía resisten.

Las luchas populares en Honduras del siglo XX y XXI nos enseñan que la clase y el género son categorías indivisibles. Las demandas feministas deben entenderse en el marco de la lucha social y obrera. Es un hecho que las mujeres hemos estado en las pugnas insignes, codo a codo con nuestros compañeros, con el mismo objetivo, el bien común. Prueba de esto es la Gran Huelga Bananera de 1954, sostenida por hombres y mujeres en un paro de largo aliento para obtener derechos laborales. Una diversidad de mujeres organizadas utilizaron esta inercia política para impulsar el derecho al sufragio femenino, el cual se decretó el año siguiente. En la década de los ochenta, los sindicatos bananeros también entendieron que la lucha debía de ser en conjunto. Mujeres y hombres se organizaron para obtener mejores condiciones laborales; una lucha que, además, fue internacionalista.

Más recientemente, como consecuencia del Golpe de Estado de 2009 al presidente Manuel Zelaya, se aglutinó, bajo el Frente Nacional de Resistencia Popular, una diversidad de organizaciones del movimiento social, movimiento de mujeres y feministas, movimiento obrero, grupos profesionales, así como políticxs partidarixs[3]. Para nombrar algunas: Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), Artistas en Resistencia, Movimiento de Diversidad en Resistencia (MDR), Feministas en Resistencia, Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y Similares (STIBYS), Asociación de Jueces por la Democracia (AJD), entre otras. Algunas de estas organizaciones provenían de la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular y otras nacieron de ese momento que así lo demandaba.

Fruto de estas incansables disputas de poder, tanto en las calles como en espacios político-partidarios, es que la ciudadanía asumió que no se podía postergar la necesidad de una mujer presidenta. No es solo una deuda histórica de representación de las mujeres, sino que también responde al compromiso que Xiomara Castro ha demostrado con el país, que ha recorrido de extremo a extremo, tanto en su calidad de primera dama, como una de las lideresas de la resistencia popular, así como candidata, en dos ocasiones, contra el régimen dictatorial.

En consonancia con el Plan, el Gobierno Solidario ha mostrado apertura para trabajar con el movimiento de mujeres y feministas en una Ley Integral de la Violencia contra la Mujer, que permita abordar las causas estructurales de la violencia que impactan profundamente las vidas de las mujeres. En el mismo sentido, el gobierno ha comenzado las gestiones para ratificar la firma del Protocolo facultativo de la CEDAW, reafirmando su compromiso con las mujeres y las niñas y poder garantizar una vida libre de discriminación. Sin embargo, eliminar la prohibición de la Pastilla de Anticoncepción de Emergencia (a pesar de que fue prohibida días después del golpe de Estado) sigue siendo un desafío frente al conservadurismo.

Otro elemento importante de la política social del gobierno es el programa insigne Red Solidaria, diseñado para combatir la pobreza y la pobreza extrema, que en Honduras llegan al 74% de la población. Con este programa se espera ver reflejadas mejoras en las vidas de las mujeres rurales, el 70% de las cuales viven en condiciones de pobreza y más del 50% de estas en pobreza extrema[4]. Además, busca fortalecer el sistema de salud público. Según la plataforma Somos Muchas[5], a pesar de que las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, la morbilidad es mucho mayor y el acceso a los servicios de salud está condicionado por la pobreza.

En cuanto a las reestructuraciones en el Ejecutivo, sobresale la transformación del que anteriormente fuera el Instituto Nacional de la Mujer, elevado a cargo de Ministerio, para poder abordar ampliamente las problemáticas de las mujeres en concordancia con los convenios internacionales de los cuales Honduras es parte y se ha comprometido en avanzar en la igualdad sustantiva entre los géneros. También se vio la prioridad de robustecer el Ministerio de las Artes, las Culturas y los Patrimonios, que en los gobiernos anteriores había sido reducido a una dirección. Cabe señalar que el sector cultural contiene un porcentaje mayoritario de mujeres[6].

Algunas de las promesas de campaña más importantes para la población fueron las primeras en ejecutarse, por ejemplo, la derogación de las Zonas de Empleo y Desarrollo Especial, que concesionaban el territorio nacional a empresas transnacionales, la derogación de la Ley de secretos, la Amnistía de los perseguidos políticos por el Golpe de Estado de 2009 y una propuesta de Ley de un nuevo Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, que respete la independencia de los tres poderes del Estado.

Aludir al Gobierno Solidario como proyecto exclusivo de la familia Zelaya es faltarle a la justicia de mujeres y hombres que no descansaron por doce años, protestando y construyendo en las calles, en las asambleas, en las prácticas simulacro por una Asamblea Constituyente, en las campañas electorales de candidaturas que se enfrentaron a la dictadura desde un partido nuevo que logró romper el bipartidismo de 200 años. La ciudadanía hondureña eligió certeramente a una mujer para abrir un nuevo camino democrático. Es un hito que rompe con la cultura patriarcal y las injusticias simbólicas y fue gracias a un pueblo que lucha con memoria, porque los pueblos saben hacer justicia.

Victoria Ochoa (Tegucigalpa, 1992) es feminista, educadora y escritora. Es maestranda de Estudios de Género y Cultura por la Universidad de Chile. Ha profundizado en investigaciones sobre participación política de las mujeres en Honduras, políticas públicas con enfoque de género y producción literaria escrita por mujeres. Es militante de la organización política feminista LUCHEMOS.

Tw: @ochoa_victoria_


[1] ERIC. https://eric-sj.org/sondeo-de-opinion-publica-2022/

[2] Butler, J., & Fraser, N. (2000). ¿Reconocimiento o redistribución?: Un debate entre marxismo y feminismo. Editorial Traficantes de sueños.

[3] Frank, D. (2018). The Long Honduran Night: Resistance, Terror, and the United States in the Aftermath of the Coup. Haymarket Books.

[4] EFE. https://tinyurl.com/3drbexu6

[5] Somos Muchas por la Libertad y la Vida de las Mujeres. (s/f). Situación de las mujeres hondureñas en materia de salud y educación.

[6] UNESCO. https://tinyurl.com/8saxyaf7

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