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Fin a la transición en Chile



El resultado de la elección presidencial chilena marca el fin del duopolio político que gobernó desde el fin de la dictadura. La ciudadanía, que reclama certezas, definirá su futuro entre la extrema derecha de Kast o la centroizquierda de Boric. El presidente electo contará con un legislativo con fuerte dispersión parlamentaria, que le exigirá gran capacidad de articulación para generar gobernabilidad. 

Por Francisco Grandón

Luego que se realizara la primera vuelta de la elección presidencial en el país transandino de las que resultaron ganadores José Antonio Kast (Partido Republicano) y Gabriel Boric (Apruebo Dignidad), el próximo 19 de diciembre, en el balotaje de segunda vuelta, los chilenos elegirán a su próximo presidente.

Tras 31 años y seis elecciones presidenciales desde que Patricio Aylwin recibiera la banda presidencial en 1990, Chile tendrá un presidente que no pertenecerá a los partidos de las coaliciones políticas que gobernaron durante el período de transición postdictadura, Concertación (centroizquierda) y Chile Vamos (centroderecha). El duopolio político se ha quebrado y han emergido con energía nuevas fuerzas políticas que demuestran tener mayor representatividad, validez y legitimidad en la ciudadanía.

El país cordillerano, que vibró con un despertar ciudadano que desembocó en un proceso constituyente paritario y con representación de sus pueblos-naciones originarios, está enfrentando un cambio en las lógicas con las que se conciben los modelos políticos, económicos y sociales, buscando nuevos liderazgos que sean fieles representantes de este nuevo Chile que se erigirá con una nueva Constitución, un nuevo parlamento y un nuevo presidente.

Primera vuelta presidencial

El 21 de noviembre de 2021 en Chile se llevaron a cabo elecciones parlamentarias y presidenciales, siendo estas últimas las más relevantes del último tiempo debido al contexto sociopolítico del país. La incertidumbre reinó durante el período electoral, presentando vaivenes respecto a quienes encabezaban las encuestas debido a los desaciertos, errores y tropiezos que tuvieron las diferentes candidaturas en su camino al día de las elecciones.
El resultado de la primera vuelta dio por ganador a Kast con un total de 1.916.122 votos (27,91%). El candidato conservador y admirador de la dictadura pinochetista, superó al otrora favorito, Boric, quien obtuvo 1.814.809 votos (25,83%). Sorpresiva fue la candidatura de Franco Parisi, que se posicionó en tercer lugar y que recibió un total de 899.403 sufragios (12,8%). Destacable resultado considerando que el candidato no pisó suelo chileno durante toda la campaña, además de tener una orden de arraigo por una deuda millonaria por no pago de pensión alimenticia. Posteriormente se posicionaron Sebastián Sichel (12,79%), Yasna Provoste (11,61%), Marco Enríquez-Ominami (7,61%) y Eduardo Artés (1,47%).

Postelecciones

La efervescencia social de octubre de 2019 ha llegado a su fin, el clivaje constituyente que dio tan buenos réditos en el triunfo del “apruebo” para una nueva Constitución y la elección de convencionales constituyentes se ha visto afectada por la exacerbación medial de los hechos de violencia, inmigración y económicos, además de la incertidumbre que trajo consigo la crisis sanitaria de la Covid-19. 

El cambio, muchas veces entendido mundanamente como sinónimo de caos debido al proceso de reestructuración y al concepto de incertidumbre que lleva implícito, ya no parece ser relevante para la sociedad chilena, que demuestra estar más inclinada por las ideas de estabilidad, seguridad y orden. La esperanza de un cambio al modelo terminó enfrentándose de golpe con la realidad de los y las chilenas que desean certezas económicas, laborales, sanitarias y de firmeza y orden. Este concepto intangible no logró permear los marcos conceptuales previos de la ciudadanía, la cual busca certidumbre y encontrar soluciones a sus problemáticas cotidianas.

Ambos candidatos que irán al balotaje tienen sus programas cargados de fuertes planteamientos ideológicos que representan su conjunto de creencias y valores. Son candidaturas muy politizadas, no así polarizadas. Si bien Kast se erige sobre la extrema derecha filofascista, Boric no es el representante de la extrema izquierda, sino más bien de una centroizquierda con fuertes convicciones socialdemócratas. Los clivajes, pilares bajo los cuales se disputará esta elección, están en proceso de construcción y ante esta incertidumbre surgen más interrogantes de lo que depararán las elecciones chilenas y bajo que ejes se desarrollarán: esperanza vs miedo, caos vs orden y Estado del bienestar vs Estado autoritario, entre tantos otros.

Balotaje

De cara a la segunda vuelta, y tomando en cuenta los resultados obtenidos por los candidatos que participarán de esta, el camino parece largo y sinuoso. Las candidaturas de Kast y Boric obtuvieron una votación que les obliga a atravesar una distancia bastante extensa y difusa para lograr más del 50% de los votos y ser elegidos como presidente. Ante este escenario las decisiones pasan por ir tras el electorado de las candidaturas que tuvieron un buen rendimiento electoral. Los votos de Marco Enríquez Ominami y un gran porcentaje de aquellos obtenidos por Provoste irán a parar directo a Boric, mientras que del resto de las candidaturas no parecen haber direcciones claras que puedan tomar las personas que votaron por ellos en primera vuelta.

Parisi y su electorado se posicionan como la primera opción, debido al caudal de votos que pueden acarrear a las filas de Kast o Boric, pero puede no ser la más eficaz debido al perfil que representa. La construcción del candidato se realiza bajo la característica del outsider, un sujeto que viene de fuera del espectro político tradicional y que busca encausar la rabia de la gente a través de discursos que ofrecen certezas y soluciones a problemas del día a día: empleo, salud y pensiones, entre otros. El votante Parisi no es politizado ni asiste a votar siempre, su concurrencia a las urnas está supeditada a la participación de representantes que no sean parte del establishment político actual, lo que complica a ambas candidaturas que competirán en segunda vuelta, pues ambos tienen una trayectoria política que, para ojos ciudadanos, los hace formar parte de estos.

Otro escenario es el que plantea el electorado de Sichel quien, si bien representaba a partidos de la centro-derecha chilena, enmarcó su candidatura discursivamente en el centro ideológico, con una retórica menos conservadora que su contendor ubicado en el mismo eje del clivaje. El votante de Sichel, en su gran mayoría, representa el perfil del o la ciudadana conservadora que quiere dejar atrás los fantasmas del autoritarismo y busca construir y consolidar un nuevo proyecto político liberal de futuro, además de comprender el valor del voto como mecanismo democrático, por lo que concurre más frecuentemente a la urna.

Gobernabilidad

De ahora en más, Boric tiene en su poder la potestad para ser el artífice de un nuevo proyecto político progresista. En sus manos se concentrará el deber de unir a una izquierda que siempre sufre las tentaciones de la división y que se quiebra ante mínimos que parecen ser más importantes que el fondo del proyecto conjunto y visión de país. Todo parece indicar que el sistema neoliberal que prioriza las individualidades por sobre lo colectividades permeó los partidos y coaliciones, dotándolos de los males de este.

Por su parte, la derecha comienza a vivir un proceso de búsqueda de una nueva identidad. Aquella derecha conservadora ha sufrido lo embistes electorales que la han afectado profundamente respecto de su representatividad en cargos populares. Hay una grieta en sus filas y ya comienzan a haber fracturas en las que se disputan la visión a futuro para el país que desean. Desde un lado se levantan voces ultraconservadoras que esbozan discursos autoritarios que reivindican antiguas glorias dictatoriales, mientras que por otro se alzan aquellos y aquellas que buscan nuevas bases conceptuales que les permitan mantenerse ideológicamente vigentes, adaptándose a las necesidades que la sociedad demanda: una derecha social. El modelo neoliberal que los conservadores defendieron con tanto ahínco en Chile comienza a tambalearse y la derecha, tras estas elecciones, deberá atravesar un camino que le permita volver a unirse o fracturarse.

El próximo presidente se enfrentará a un Congreso con un alto grado de fragmentación. Las elecciones parlamentarias, que eligen diputados y senadores a través de método D’hondt que ofrece mayor representación de todas las fuerzas políticas y que tuvieron lugar en noviembre pasado, dejó la Cámara de Diputados y al Senado con una amplia dispersión de parlamentarios de diferentes coaliciones que exigirá al máximo las capacidades del presidente electo para generar gobernabilidad y lograr implementar la mayor parte del programa esbozado durante la campaña.

Cuando se estimaba que se avanzaba a una época de amplias mayorías ciudadanas, estas elecciones nos llevan al pasado, a la época de los grandes consensos, de los acuerdos y de la unidad. Un nuevo Chile está en formación, uno que dejó la transición atrás y que mira al futuro con la esperanza del poder confluir y otorgar mayores certezas y seguridad a sus habitantes.


Francisco Grandón (Chile) es Relacionador Público y Máster en Comunicación Creativa y Estratégica. Se desempeña como consultor en comunicación política y campañas electorales, especializándose en el proceso de elaboración, construcción y desarrollo de la estrategia. Ha participado en elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales en Chile.
Twitter: @fgrandong
Instagram: @fc.grandon