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Bolsonaro: un mentiroso profesional disciplinado en su estrategia



Por Rogério Tomaz Jr.

Al culminar este artículo, el 22 de noviembre de 2021, Jair Bolsonaro acumulaba 4.386 declaraciones falsas o distorsionadas desde que asumió la Presidencia de Brasil, el 1 de enero de 2019. En 1.056 días en el cargo, el militar retirado contabiliza 4,1 mentiras en promedio cada día.

El monitoreo, actualizado diariamente, es de la agencia de chequeo Aos Fatos (A los hechos), fundada en julio de 2015 y con sede en Río de Janeiro, base política de la familia Bolsonaro. Los números impresionan, pero algunos elementos ayudan a entender este tipo de comportamiento en alguien que ocupa un puesto tan importante y que requiere tanta responsabilidad. En una síntesis que no agota la complejidad del tema, el mandatario brasileño desarrolla su rol de “mentiroso profesional” en tres dimensiones: dinero, carácter y política.

Dinero

Primero, Bolsonaro miente porque necesita proteger y promover sus intereses económicos. En el mundo de la política en Brasil, se sospecha mucho de sus relaciones estrechas –que vienen desde hace décadas–con actividades delictivas, especialmente vinculadas a las “milicias”, que son la versión brasileña de las organizaciones mafiosas existentes en varios países. El propio Jair defendió públicamente a las milicias ya en 2008, en una entrevista para la BBC.

“Garantizan la seguridad y, de esta manera, logran mantener el orden y la disciplina en las comunidades. Es lo que se llama milicia. El gobierno debería apoyarlos, ya que no puede luchar contra los narcotraficantes. Y, quizás, en el futuro, debería legalizarlos”, dijo, en la nota publicado en inglés.

A lo largo de los años, varios escándalos políticos e investigaciones han revelado signos de enriquecimiento ilícito por parte de la familia Bolsonaro, y se sospecha que la principal fuente de ingresos del clan son los negocios con las milicias. Apartamentos caros comprados con pago en efectivo; una chocolatería con registros que apuntan hacia el lavado de dinero; relaciones con milicianos notorios cuyos familiares fueron nombrados asesores en los mandatos parlamentarios de Jair o sus hijos, entre otras sospechas.

Por eso, Bolsonaro tiene que mentir todo el tiempo a la hora de explicar el origen de sus activos y los movimientos financieros que son incompatibles con el salario de un diputado.

Por otro lado, durante la pandemia de coronavirus, la promoción de intereses económicos particulares fue muy explícita frente la difusión de mentiras, por ejemplo, sobre la eficacia de la hidroxicloroquina en la lucha contra la Covid-19.

Carácter

No se puede esperar muchas virtudes de alguien que dedicó un voto, en el juicio político de la presidenta Dilma Rousseff, a un famoso torturador de la dictadura militar brasileña, Carlos Alberto Brilhante Ustra. Sin embargo, cuando tal persona llega a la Presidencia de la República y sigue mintiendo de manera sistemática y evidente, es una desviación de carácter tan inherente al comportamiento que muchos cuestionan si Bolsonaro no es un sociópata.

La mentira, en este caso, es la opción más conveniente para rechazar y distanciarse de una realidad incómoda que no le permite cumplir grandes objetivos y aspiraciones, que ya fueron objeto de un informe interno del Ejército sobre Bolsonaro en 1983. El documento, poco conocido por el grande público, registraba al teniente de 28 años como alguien con “excesiva ambición de ser cumplido financiera y económicamente”.

Política

En el libro Los ingenieros del caos, que en la edición original en italiano lleva de título complementario Teoría y técnica de la internacional populista, el publicista Giuliano da Empoli hace importantes observaciones sobre el papel de las mentiras en la política de la ultraderecha.

“Detrás del aparente absurdo de las fake news y las teorías de la conspiración se esconde una lógica muy sólida. Desde el punto de vista de los líderes populistas, las verdades alternativas no son solo una herramienta de propaganda. Contrariamente a la información veraz, constituyen un formidable vector de cohesión”, dice el autor, que también cita una frase emblemática de Mencius Moldbug, bloguero de la derecha alternativa de Estados Unidos: “Cualquiera puede creer la verdad, mientras que creer lo absurdo es una verdadera demostración de lealtad –y que tiene un uniforme, y un ejército–”.

Bolsonaro sigue esta orientación con gran disciplina. Cada vez que alguien de su mesa chica no acepta defender sus fantasiosas narrativas, la relación se rompe. Hay varios ministros destituidos del gobierno para probarlo.

Además, las fake news también pueden servir como instrumento de distracción. Cuando hay un escándalo o un hecho que es muy negativo o que no interesa al gobierno, Bolsonaro intenta hacer algo inusual o decir algo sin sentido para distraer a la población y a la prensa. A menudo, la cortina de humo funciona.

Si bien existe un operativo permanente para minimizar las mentiras de Bolsonaro, tanto por sus seguidores en redes sociales como por la prensa alineada con el gobierno, el 57% de la población dice no confiar nunca en las declaraciones del presidente, informó la tradicional encuestadora Datafolha en septiembre pasado.

Si eso será suficiente para evitar su reelección, solo el tiempo lo dirá. Por ahora, difundir mentiras sigue siendo la estrategia central del bolsonarismo.


Rogério Tomaz Jr. (Brasil) es periodista y analista político, trabajó durante once años en la Cámara de Diputados de Brasil. Vivió en Montevideo, trabajó en el Parlamento del Mercosur y actualmente reside en Argentina, donde está cursando una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza. www.rogeriotomaz.com.
Twitter: @rogeriotomazjr - Instagram: @rogeriotomazjr